Cuando alguien menciona Acapulco, la mente viaja de forma casi automática a la imagen de sus famosas playas, a los clavadistas de La Quebrada lanzándose al vacío sobre el Pacífico o a las noches más divertidas de la llamada "Perla del Pacífico".

Sin embargo, a pocos kilómetros de ese cartel costero de sol y hedonismo, el estado de Guerrero guarda un rostro completamente distinto, uno que muy pocos viajeros se detienen a descubrir. Lagunas tapizadas de manglares, islas habitadas por cientos de especies de aves migratorias, cocodrilos que se deslizan entre juncos, tortugas marinas que buscan la arena en la oscuridad de la noche y bosques tropicales tan densos que sirvieron de escenario para rodar las aventuras de Tarzán y Rambo. La naturaleza acapulqueña existe, es exuberante y espera a quienes tengan la curiosidad de buscarla más allá de la Costera.

Un destino con dos almas

Acapulco - Foto: Christian Rojo

A mediados del siglo XX, el puerto se consolidó como el principal destino turístico de México, aunque con el transcurso de los años fue perdiendo competitividad frente a destinos más modernos. Ese declive del turismo de masas ha tenido, paradójicamente, una consecuencia positiva para los viajeros que valoran la experiencia auténtica.

El estado de Guerrero posee cerca de 500 kilómetros de litoral y, exceptuando Acapulco e Ixtapa, la mayor parte de esa franja costera no tiene nada que ver con yates ni hoteles de franquicia. Esa costa poco intervenida, flanqueada por la imponente Sierra Madre del Sur, alberga ecosistemas de un valor excepcional que ahora empiezan a ser explorados bajo el paraguas del ecoturismo. El viajero que llega a Acapulco con tiempo y voluntad de escapar encontrará, en un radio de apenas 40 kilómetros, dos mundos radicalmente distintos que coexisten en asombrosa armonía.

La Laguna de Coyuca de Benítez, el espejo verde del Pacífico

Laguna de Coyuca - Foto: Christian Rojo

Apenas 40 kilómetros separan la zona central de Acapulco de Barra de Coyuca, una comunidad de pescadores donde el agua salada del mar se encuentra con la dulzura de ríos y lagunas. Un viaje de una hora, poco más si hay tráfico, basta para cambiar los rascacielos y las marinas del puerto por los manglares y los chiringuitos de Coyuca.

El ecosistema de manglar que constituye la laguna mide diez kilómetros de este a oeste, con una anchura de más de cinco kilómetros, y desemboca al oeste por un canal en la boca del río del mismo nombre. La laguna comparte su territorio con los municipios de Acapulco de Juárez y Coyuca de Benítez, lo que la convierte en un enclave a caballo entre dos jurisdicciones y, simbólicamente, entre dos naturalezas.

La fama de Coyuca es resultado del encuentro natural de dos mundos. El océano Pacífico y las montañas de la Sierra Madre del Sur van de la mano en esta costa guerrerense. La laguna de Coyuca, la laguna de Mitla y el río que las alimenta se enfrentan con el agua salada del mar, y justamente ahí, alrededor de la desembocadura, un par de horas bastan para observar cientos de aves, nadar en agua dulce y ver la puesta del sol.

La riqueza biológica del lugar resulta impresionante. La laguna protege a más de 250 especies de aves y 14 especies de peces comestibles. En la propia laguna se encuentran dos islas, la Isla de Pájaros y la Isla Montoya, donde viven especies de aves que viajan desde Canadá, y en ella nace el río de Coyuca, lo que hace del lugar un sitio excepcional para admirar la naturaleza. La diversidad ornitológica incluye garzas negras, grises y blancas, así como pelícanos y patos. Para el observador de aves, este humedal es uno de los puntos más valiosos de toda la costa del Pacífico mexicano.

El manglar es fundamental para el ecosistema y ahora forma parte de un circuito ecoturístico en la región. Cerca de Acapulco, Barra de Coyuca ofrece actividades como observación de aves, liberación de tortugas marinas y paseos en bote por una laguna rodeada de manglares. Cabañas a pie de playa, campamentos tortugueros y proyectos comunitarios de conservación son algunos de los atractivos que conforman la propuesta de la Riviera Coyuca.

Las playas y mares mexicanos son hogar de siete especies distintas de tortugas marinas. En las costas de Guerrero se pueden ver cuatro: la carey, la golfina, la prieta y la laúd. Los campamentos tortugueros de la zona coordinan cada temporada operaciones de vigilancia nocturna y liberación de crías que permiten a los visitantes participar de uno de los rituales más emocionantes que ofrece la naturaleza mexicana.

La laguna también ha servido como magnífico escenario para filmaciones; la película Rambo II, protagonizada por Sylvester Stallone, se rodó aquí, aunque en la trama el lugar debía representar Vietnam. Y es que la selva tropical de Coyuca posee una densidad visual y vegetal que evoca los grandes bosques tropicales del sudeste asiático.

El atractivo natural de la barra es la franja blanca de arena que resguarda y divide la laguna del mar, una línea que une el encanto con el asombro. Entre dos aguas, y puede ser también entre la tierra y el cielo, es un espacio para estar en contacto con la naturaleza.

Acapulco - Foto: Christian Rojo

Pie de la Cuesta, el pueblo que se extiende a lo largo de esa lengua de arena entre la laguna de Coyuca y el océano, ofrece una de las imágenes más fotogénicas de toda la costa guerrerense. Las palmeras inclinadas sobre el agua, las puestas de sol incendiadas por el Pacífico y los puestos de pescado fresco a pie de playa componen un cuadro que resulta difícil de olvidar.

Laguna de Tres Palos, el paraíso escondido al suroeste

Laguna de Tres Palos - Foto: Christian Rojo

Al otro lado de la ciudad, en dirección contraria, aguarda otro de los grandes secretos naturales de la región. La Laguna de Tres Palos contiene una belleza natural exótica, se extiende 15 kilómetros y es hogar de un gran número de especies de flora y fauna, siendo los más atractivos las aves acuáticas y los manglares que la rodean.

Está localizada a unos 30 kilómetros al suroeste de la ciudad de Acapulco. La laguna supera en tamaño hasta tres veces a la propia Bahía de Acapulco y es ideal para admirar la calma y la belleza de la naturaleza. Su escala resulta sorprendente para quienes la descubren por primera vez desde tierra.

El catálogo de fauna que habita en sus aguas y orillas es extraordinariamente variado. La Laguna de Tres Palos es el hogar de patos, pelícanos blancos, variedades de peces, camarones, iguanas, cangrejos, cocodrilos, garzas, espátulas rosadas y otros animales que hacen vida en este paraíso.

La flora no es menos generosa. Se pueden observar distintos árboles frutales como guayabas, mango, tamarindo, guanábana, limón, chicozapote, palmas, plátanos o papaya, aunque las que predominan son las plantas acuáticas, especialmente los manglares, siendo este uno de los lugares en toda la región donde más presencia tienen.

La laguna ha mantenido su naturaleza prácticamente intacta, lo que la convierte en uno de los lugares favoritos de quienes gustan de observar aves y la flora regional. El recorrido habitual se realiza en lancha con guía local, navegando por los canales de manglar hasta alcanzar zonas abiertas donde la superficie del agua refleja el verde intenso de la vegetación circundante.

Durante el trayecto es posible contemplar la hermosa vegetación, pescadores locales, cientos de aves y otros animales silvestres entre los manglares. En algunos puntos designados del recorrido, los guías extraen del fondo arcilla con propiedades especiales que los visitantes pueden aplicarse en forma de mascarilla facial. Esta tradición cosmética local, sencilla y gratuita, se ha convertido en una de las experiencias más singulares del ecoturismo acapulqueño.