Francisco de Goya escribió que "el sueño de la razón produce monstruos". La Fundación Ibercaja ha tomado esa cita como punto de partida para proponer lo contrario: que el sueño de Eduardo Chillida produce belleza, libertad, diálogo y equilibrio con la naturaleza. Con esa premisa se articula Eduardo Chillida. Soñar el espacio, la exposición que puede visitarse en el Centro Cultural Conde Duque de Madrid hasta el 21 de junio de 2026, organizada en colaboración con el Ayuntamiento de Madrid, la Fundación Eduardo Chillida-Pilar Belzunce y Chillida Leku.

La muestra supone el cierre de la programación conmemorativa del centenario del nacimiento del escultor donostiarra, nacido el 10 de enero de 1924 y fallecido en 2002. A lo largo del pasado año, exposiciones, publicaciones, conciertos y actos académicos en distintas ciudades y países rindieron homenaje a uno de los artistas más relevantes del arte contemporáneo, cuya obra sigue siendo admirada en todo el mundo. Soñar el espacio llega, pues, como colofón de un ciclo conmemorativo de alcance internacional, y lo hace con la colección más extensa reunida hasta la fecha en la capital española.

102 obras que recorren toda una trayectoria

Soñar el Espacio

La exposición reúne un total de 102 obras de Chillida, entre esculturas realizadas en distintos materiales y obra sobre papel. El conjunto permite recorrer la evolución del artista desde sus primeras exploraciones formales hasta sus series más maduras, con piezas de referencia en cada etapa.

Las 20 esculturas expuestas están realizadas en materiales como el yeso (Forma), el alabastro (Lo profundo es el aire XXI) o el hierro forjado (Proyecto para Monumento a la tolerancia, Topos, Estela V, Elogio al horizonte). También se exhiben piezas en hormigón armado y las célebres Lurrak, bloques compactos y macizos de arcilla chamota que Chillida apenas manipulaba, con tonalidades variables según el tiempo de cocción en el horno de leña. La relación directa con el espectador es uno de los valores que define este conjunto escultórico: las obras no se contemplan desde la distancia, se habitan.

El hierro forjado, las formas y los espacios característicos de Chillida pueden verse hoy en una veintena de países. En Madrid, la ciudad conserva varias de sus piezas más importantes en el espacio público, lo que convierte la visita a Soñar el espacio en una oportunidad para completar ese recorrido urbano con obras de gabinete menos accesibles habitualmente.

La obra gráfica, el núcleo del pensamiento plástico

Soñar el Espacio

Una de las singularidades de esta exposición es el protagonismo que otorga a la obra gráfica de Chillida, considerada parte esencial de su pensamiento plástico. A diferencia de lo que ocurre con otros creadores, sus dibujos y grabados no son estudios preparatorios de las esculturas: tienen una identidad y una autonomía propias.

La muestra incluye bocetos como el realizado para la Plaza de los Fueros de Vitoria o Jaula de libertad, junto a dibujos y grabados en tinta, carbón y sanguina en la línea formal de sus esculturas. También se exhiben obras que representan sus propias manos, abiertas o entrelazadas, en las que parece querer capturar el volumen y el espacio. La parte más figurativa la componen sus retratos, profundos y expresivos, de su mujer, sus hijos y algunos autorretratos.

A estas piezas se suman collages elaborados con papeles rasgados y cortados, y la serie Gravitaciones blancas y a tinta, iniciada en 1985. Las obras de Eduardo Chillida tienen la capacidad de dialogar con el entorno y darle vida al espacio, invitando al espectador a interactuar y reflexionar sobre el espacio y la naturaleza. Las Gravitaciones llevan esa idea al papel: los recortes que las componen generan una tercera dimensión que convierte cada pieza en una escultura de escala íntima.

Un artista que marcó el siglo XX

Soñar el Espacio

Eduardo Chillida fue portero de la Real Sociedad con 19 años, y una lesión de rodilla lo apartó del fútbol. Quizá gracias a ello se convirtió en el artista que hoy conocemos. Regresó de París a San Sebastián en 1950, se casó con Pilar Belzunce y descubrió el hierro forjado como material central de su trabajo, en una conexión directa con la tradición artesanal vasca.

A lo largo de su carrera, recibió los premios más importantes del arte internacional: la Bienal de Venecia, el Premio Kandinsky y el Premio Príncipe de Asturias. Su obra ha sido estudiada por historiadores y críticos de arte, y admirada por poetas como Octavio Paz y Gabriel Celaya, así como referenciada por pensadores como Martin Heidegger y Gaston Bachelard.

En el año 1983, Chillida adquirió junto a su esposa un caserío en ruinas en Hernani, llamado Zabalaga, datado en 1543. La pareja inició un proceso de rehabilitación que se extendió durante años y que el propio artista entendió como un trabajo escultórico en sí mismo. A mediados de septiembre del año 2000, diecisiete años después de su compra, Zabalaga abrió sus puertas bajo el nombre Chillida Leku. Ese espacio, donde arte y naturaleza se funden, custodia hoy los restos de ambos.

El catálogo y el equipo científico

De forma complementaria a la exposición, la Fundación Ibercaja ha editado un libro catálogo con textos de Mikel Chillida (director de Desarrollo de Chillida Leku), Alicia Vallina (comisaria y conservadora de Museos Estatales), Javier Chavarría (artista plástico y profesor de la Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología, UDIT) y Elvira Guerra y Lorena Robredo, conservadoras de museos estatales. La comisaría recae en Alicia Vallina, que ya acompañó la exposición en su paso anterior por la Sala La Lonja de Zaragoza.

Eduardo Chillida. Soñar el espacio puede visitarse en la Sala 1 del Centro Cultural Conde Duque (calle del Conde Duque, 11, Madrid) hasta el 21 de junio de 2026.