El olor a incienso, el repicar de los tambores y el sonido inconfundible de las carracas marcan el paso de los carrapuchetes por las calles de Tarazona cada Semana Santa. Así se llama popularmente a los nazarenos en esta ciudad aragonesa, un localismo que al parecer deriva de carrapuchet, diminutivo de carapuchu, término que hace referencia a la prenda en forma de capirote que cubre la cabeza de los cofrades. El apelativo es solo el primer indicio de que esta Semana Santa tiene una personalidad muy propia, forjada durante siglos y preservada con una fidelidad poco común.

La Semana Santa de Tarazona, declarada Fiesta de Interés Turístico Regional desde 2005, reúne cada año a cerca de 1.000 cofrades y más de 400 instrumentos de percusión y viento, entre cornetas, tambores, timbales, bombos y matracas, que marcan el ritmo de procesiones y actos litúrgicos. En 2026, el programa arranca el 13 de marzo con el pregón en la S.I. Catedral de Tarazona, a cargo del sacerdote y escritor Jesús Sánchez Adalid, y se extiende con más de 50 actos hasta el Domingo de Resurrección, el 5 de abril.

Una tradición con fecha de nacimiento: 1555

Semana Santa de Tarazona

El origen documentado de la Semana Santa turiasonense se remonta a 1555, cuando se instituyó la primera cofradía local, la del Nombre de la Sangre de Cristo (posteriormente, de la Santísima Vera Cruz). La historiadora Rebeca Carretera Calvo sitúa en ese año la fundación de una agrupación que nació en una capilla del convento de San Francisco, donde aún pueden verse restos de pinturas murales de la época en su claustro mudéjar. Fueron los franciscanos quienes dejaron por escrito que esta cofradía debía encargarse de la procesión de la Vera Cruz, indicando que los cofrades debían procesionar "con hachas o otras lumbres encendidas".

De aquel mandato nació la Procesión de los Ensacados, una de las más representativas de la Semana Santa local. Sale a las calles de Tarazona en la noche del Martes Santo (31 de marzo) en un silencio que únicamente rompe el sonido de las cadenas que arrastran los carrapuchetes vestidos de negro. Parte de la iglesia de Nuestra Señora de la Merced y recorre el casco histórico con una solemnidad que no ha cambiado en esencia desde el siglo XVI.

Diez cofradías, diez colores, diez historias

En la actualidad, la Semana Santa de Tarazona está compuesta por 10 cofradías, cada una de las cuales procesiona individualmente. El Viernes Santo todas lo hacen juntas en la Procesión General del Santo Entierro, recreando de forma casi completa la Pasión de Cristo.

La primera en salir es la Cofradía de Nuestra Señora Virgen de los Dolores, cuyo origen se remonta al siglo XVIII. Lo hace el Viernes de Dolores (27 de marzo) desde la iglesia de San Vicente Mártir, con cofrades vestidos de negro y capirote, acompañando a la imagen barroca de La Dolorosa. Sin instrumentos, el silencio de la noche lo es todo.

El Sábado de Dolores (28 de marzo), la Hermandad de Nuestra Señora de la Piedad parte a las nueve de la noche de la Catedral de Santa María de la Huerta con uno de los pasos más destacados artísticamente: una obra de Francisco Gutiérrez, escultor de cámara de Carlos III, que refleja la transición del Barroco al Neoclasicismo. Las túnicas azul oscuro con guantes blancos y el emblema rojo de los cofrades marcan una estética reconocible al instante.

El Domingo de Ramos (29 de marzo) procesionan dos cofradías. La Cofradía de la Entrada de Jesús en Jerusalén sale a las 11:30 horas con hábito azul cielo desde la iglesia de San Francisco, y a las 20:00 la Cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Flagelación recorre las calles desde la Ermita de la Virgen del Río con sus capirotes rojo sangre cubiertos de túnica blanca.

El Lunes Santo, la Cofradía Santo Cristo del Consuelo y Santa María Magdalena sale de noche con hábito morado portando a Jesús con la Cruz a hombros, acompañado de un Cristo de Medinaceli que desde 2017 cargan los niños de primera comunión de la cofradía. El Miércoles Santo es el turno de la Cofradía del Santo Cristo de los Afligidos, con más de 400 hermanos vestidos de blanco y cíngulo morado, al ritmo de una banda de cornetas, tambores y bombos formada por 58 cofrades que salen de la iglesia de San Miguel Arcángel.

El Jueves Santo (2 de abril) sale la Cofradía de Nuestro Señor en la Oración del Huerto, protagonista también del cartel anunciador de esta edición, con sus túnicas color verde desde el Santuario de la Virgen del Rocío.

Los alabarderos y el sellado del sepulcro

Semana Santa de Tarazona

La cita más esperada del calendario turiasonense llega el Viernes Santo (3 de abril) con la Procesión del Santo Entierro, precedida a mediodía por la Procesión de las Siete Palabras. La procesión del Entierro tiene historia documentada desde 1629, y comenzó a celebrarse el Viernes Santo a partir de 1769. Su momento más simbólico es el protagonizado por los alabarderos, figura que aparece en la cofradía en 1655 y que culmina el acto con el cierre y sellado del sepulcro, además de tener un papel central en la escenificación del Vía Crucis. Es uno de los elementos más singulares de toda la Semana Santa aragonesa.

El ciclo cierra el Domingo de Resurrección (5 de abril), cuando la Cofradía de la Resurrección del Señor parte de la iglesia de la Inmaculada con el Cristo Resucitado en madera de olmo, obra de José Manuel Val, para encontrarse con la Dolorosa a las 11:00 horas en el pórtico de la Catedral.

Una ciudad que es patrimonio en sí misma

Visitar Tarazona en Semana Santa es también recorrer uno de los cascos históricos más ricos de Aragón. El patrimonio turiasonense, con especial atención a la Catedral de Santa María de la Huerta y al arte mudéjar, ha sido históricamente uno de los grandes atractivos de los visitantes que llegan a la ciudad durante estas fechas.

La Catedral de Santa María de la Huerta es un singular ejemplo de templo gótico en el que convive un excepcional legado mudéjar y renacentista, considerada una de las mejores catedrales hispánicas del gótico. Sus pinturas del cimborrio del siglo XVI, que representan personajes bíblicos y mitológicos desnudos en alusión a la lucha entre virtud y vicios, permanecieron cubiertas desde el Concilio de Trento hasta su descubrimiento reciente, tras una restauración que mantuvo el templo cerrado durante 30 años.

El Palacio Episcopal, antigua zuda musulmana reconvertida en castillo medieval y después en palacio renacentista, conserva el Salón de Obispos, sus calabozos y una cúpula sobre la escalera principal bajo la que acaban de aflorar frisos ocultos del siglo XVI. Las Casas Colgadas del Barrio de la Judería, construidas en saledizo para ganar terreno al recinto amurallado, completan uno de los paseos urbanos más fotogénicos del noreste español. El Ayuntamiento, levantado entre 1557 y 1563 como lonja en la Plaza Mayor, exhibe en su fachada un largo friso de yeso que representa la marcha de Carlos V tras su coronación en Bolonia. La Plaza de Toros Vieja, de planta octogonal y construida en 1792, es una de las seis integrantes de la Unión de Plazas Históricas de España y fue declarada Bien de Interés Cultural en 2001.

Tarazona: entre leyendas, reinos y silencios
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El Moncayo y el Monasterio de Veruela, más allá de la ciudad

La escapada a Tarazona puede completarse con una excursión al Parque Natural del Moncayo, cuya cima alcanza los 2.316 metros y concentra una biodiversidad notable, con hayedos, robledales y pastizales de altura atravesados por senderos bien señalizados. La Vía Verde del Tarazonica, que discurre por el trazado de un antiguo ferrocarril, y el Monasterio de Veruela han concentrado históricamente gran parte de las visitas en temporada de Semana Santa.

El Monasterio de Santa María de Veruela, situado en las cercanías de Vera de Moncayo, es la primera fundación cisterciense de Aragón, fechada en 1145, aunque la construcción original se prolongó más de 250 años. El conjunto condensa un patrimonio singular en su puerta, iglesia, refectorio, claustro y espacios museísticos dedicados a los hermanos Bécquer, y en breve contará con un Parador Nacional. Fue precisamente en el monasterio donde Gustavo Adolfo Bécquer se hospedó y escribió sus Cartas desde mi celda, un vínculo literario que añade otra capa de interés al conjunto.

La Semana Santa turiasonense aspira a obtener el reconocimiento de Fiesta de Interés Turístico Nacional, un paso que el Ayuntamiento de Tarazona trabaja activamente para conseguir. Con más de cuatro siglos de historia ininterrumpida y un patrimonio que la respalda a cada paso, el reconocimiento parece cuestión de tiempo.

Toda la información sobre el programa, recorridos y alojamientos está disponible en semanasantatarazona.es.