El Real de las Tres Palmas fue el primer nombre que recibió el campamento militar que los castellanos levantaron junto al barranco de Guiniguada en 1478, bautizado así por la abundancia de palmeras que crecían en la zona. Aquel asentamiento, con el paso de los siglos, se convirtió en Las Palmas de Gran Canaria, la ciudad que este mes celebra 548 años desde su fundación oficial.

De El Real de las Tres Palmas a Las Palmas de Gran Canaria

Vegueta Plaza Pilar Nuevo - Nacho González

El nombre cambió varias veces antes de fijarse en el actual. Tras dejar atrás la denominación militar original, la ciudad pasó a llamarse simplemente Las Palmas. No fue hasta 1940 cuando adoptó la fórmula completa de Las Palmas de Gran Canaria, la que conserva hoy. El origen de todo se remonta al 24 de junio de 1478, fecha en la que el capitán Juan Rejón fundó la ciudad, un episodio que se conmemora cada año durante las Fiestas Fundacionales, con su punto álgido en la celebración de San Juan.

El germen urbano de aquella fundación fue el barrio de Vegueta, declarado Conjunto Histórico-Artístico Nacional y todavía hoy el corazón patrimonial de la ciudad. Desde allí, el crecimiento urbano se extendió hacia Triana, convertido con el tiempo en una de las visitas obligadas para quien recorre la ciudad, y hacia los asentamientos que fueron ocupando los riscos que rodean el casco histórico.

Colón hizo escala en la ciudad antes de llegar a América

Casa de Colón Vegueta Foto Nacho González para @LPAvisit

Catorce años después de que la Corona de Castilla se asentara en la isla, Cristóbal Colón recaló en Las Palmas de Gran Canaria durante el viaje que le llevaría a las Américas. La parada no fue casual. El navegante necesitaba reparar la carabela La Pinta antes de continuar la travesía.

Durante su estancia se alojó en la casa del Gobernador, un edificio que hoy forma parte del conjunto de viviendas que integran la Casa de Colón, museo y centro americanista de estilo colonial que se ha convertido en uno de los espacios culturales más visitados de la ciudad. Sus salas de exposición permanentes recorren la relación histórica entre Canarias y el continente americano, desde el papel del archipiélago como punto de escala en la ruta atlántica hasta el intercambio comercial y cultural que se prolongó durante siglos.

Los riscos pintados con la pintura sobrante de los barcos

Risco de San Roque - Foto Nacho González

Las casas de colores de los riscos de San Juan, San Roque, San Nicolás, San José y San Francisco forman una de las imágenes más reconocibles de la ciudad. El origen de esa paleta cromática no responde a ningún criterio estético planificado. Los vecinos pintaron sus fachadas con la pintura que sobraba tras recubrir los cascos de los barcos que llegaban al puerto, un material accesible y barato que terminó dando forma a un paisaje urbano singular.

En los últimos años ese mosaico de colores ha atraído a fotógrafos y viajeros que buscan retratar la disposición irregular de las viviendas sobre la ladera. Lo que nació como una solución práctica se ha transformado en un recurso turístico que atrae miradas de fuera de la isla, especialmente en las horas de luz suave del atardecer, cuando los tonos de las fachadas contrastan con el azul del Atlántico.

Una ciudad orientada al mar, al norte y al este

Playa de Las Canteras

Antes de convertirse en destino turístico, Las Palmas de Gran Canaria fue, y sigue siendo, una ciudad portuaria. Su orientación urbana responde en gran medida a los vientos alisios, que soplan de este a oeste y condicionaron la construcción del puerto en esa dirección para facilitar la salida de los veleros y proteger las embarcaciones del oleaje atlántico.

Esa decisión estratégica y meteorológica se mantuvo cuando la ciudad diversificó su economía a lo largo del siglo XX. El puerto se inauguró en 1883 y desde entonces la fisonomía urbana ha cambiado por completo, pero la orientación hacia el mar permanece intacta. La ciudad mira al norte por la playa de Las Canteras y al este por el Puerto de Las Palmas, dos referencias que siguen marcando el pulso cotidiano de sus habitantes.

Del cambullonero a la vela latina canaria

Vela Latina

El puerto también dio origen a oficios propios que hoy resultan casi desconocidos fuera de la isla. El más singular fue el de cambullonero, la persona que se acercaba en bote a los buques recién llegados para intercambiar o prestar servicios a la tripulación. Los trueques eran variados. Piezas artesanas o alimentos se cambiaban por relojes, radios o medicamentos, entre otros muchos objetos que llegaban en las bodegas de los barcos.

La competencia entre cambulloneros por llegar primero a cada embarcación y quedarse con el mejor trueque generó una carrera constante en las aguas del puerto. De esa rivalidad surgió, con el tiempo, la vela latina canaria, hoy el deporte náutico más reconocido de la isla y de la ciudad, con regatas que cada verano congregan a miles de espectadores en la bahía.

Estas cinco historias forman parte de un relato más amplio que la ciudad reivindica cada mes de junio, coincidiendo con las Fiestas Fundacionales. Más allá de la playa de Las Canteras o de su papel como capital insular, Las Palmas de Gran Canaria conserva en sus barrios, su puerto y sus tradiciones marineras las huellas de un pasado atlántico que sigue definiendo su identidad 548 años después de su fundación.