El Teatro Giovanni Battista Pergolesi de Jesi, el Ventidio Basso de Ascoli Piceno o el Lauro Rossi de Macerata forman parte, desde el 26 de julio de 2026, de la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. La decisión se tomó durante la 48.ª sesión del Comité del Patrimonio Mundial, celebrada en Busan (Corea del Sur), que inscribió el "Sistema de teatros comunitarios al estilo italiano de los siglos XVIII y XIX en Italia central".
El reconocimiento agrupa diez teatros repartidos entre tres regiones italianas, pero el peso recae claramente en un territorio. Ocho de ellos están en las Marcas, uno en Emilia-Romaña y otro en Umbría.
Ocho edificios, una misma región

La lista de teatros marquesanos incluidos en el reconocimiento reúne al Pergolesi de Jesi, el Ventidio Basso de Ascoli Piceno, el Serpente Aureo de Offida, el dell'Aquila de Fermo, el Lauro Rossi de Macerata, el Feronia de San Severino Marche, el Gentile de Fabriano y el Bramante de Urbania. Ocho edificios distribuidos entre ciudades de tamaño medio y localidades pequeñas, que confirman el apodo con el que se conoce tradicionalmente a esta región italiana, "la región de los cien teatros".
La densidad de salas históricas en las Marcas no responde al azar. Entre los siglos XVIII y XIX, la construcción de teatros en Italia central se convirtió en un proyecto colectivo que implicaba directamente a la población local, mucho más allá de las grandes capitales culturales del norte y del sur de la península.
Qué significa un teatro "condominial"

El término que utiliza la UNESCO para describir este sistema no alude a un estilo arquitectónico, sino a un modelo de propiedad. Entre los siglos XVIII y XIX, ciudadanos y comunidades locales financiaban la construcción y el mantenimiento de los teatros. La adquisición de un palco funcionaba como una forma de copropiedad, que incluso podía transmitirse por herencia a la siguiente generación.
Ese modelo de financiación compartida convirtió a los teatros en algo que superaba su función original. Dejaron de ser solo escenarios para espectáculos y pasaron a funcionar como espacios de encuentro social, intercambio y vida pública en cada localidad. La tipología arquitectónica conocida como "sala a la italiana" (con patio de butacas, palcos superpuestos en varios niveles, vestíbulos y salones anexos) es el resultado directo de esta relación entre arquitectura y estructura social.
Un patrimonio que sigue en uso
El rasgo que distingue a este reconocimiento de otros reconocimientos patrimoniales es la continuidad funcional de los edificios. Los ocho teatros marquesanos no son monumentos congelados en el tiempo. Siguen acogiendo espectáculos, conciertos, representaciones operísticas y festivales a lo largo del año, con programación activa en cada una de las localidades donde se ubican.
Esa vigencia cambia la experiencia para quien visita la región desde fuera de Italia. Entrar en uno de estos teatros no implica recorrer una sala vacía con fines expositivos, sino la posibilidad real de asistir a una función en un edificio del siglo XVIII o XIX en pleno funcionamiento. El circuito UNESCO se suma así a otros atractivos de la región, como su paisaje rural, su gastronomía y sus tradiciones locales, y ofrece una vía adicional para recorrer tanto las ciudades de arte como los núcleos de menor tamaño.
Una nueva clave de lectura del territorio
Para la administración regional, el reconocimiento de la UNESCO aporta un criterio distinto para interpretar las Marcas como destino. El circuito conecta ciudades con tradición artística consolidada, como Ascoli Piceno o Macerata, con localidades más pequeñas como Offida o San Severino Marche, donde el teatro histórico constituye uno de los principales referentes culturales del municipio.
El Área de Turismo, Cooperación Territorial Europea y Cooperación al Desarrollo de la Región de las Marcas gestiona la promoción de este patrimonio, que se suma a la oferta cultural y paisajística con la que la región busca posicionarse como destino en el panorama turístico internacional. La declaración confirma, en todo caso, que el origen comunitario de estos teatros (nacidos de la inversión y la participación de los propios vecinos) sigue siendo el elemento que explica tanto su construcción original como su conservación actual.

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