Un sendero de 675 kilómetros une el norte y el sur de Jordania, desde Um Qais hasta Áqaba, atravesando valles, desiertos, reservas naturales y 75 pueblos. Se llama Jordan Trail y propone completar a pie, en unos 35 días, un recorrido que conecta los grandes iconos del país (Petra, Wadi Rum, el mar Muerto) con paisajes menos conocidos, ruinas escondidas y proyectos de turismo comunitario.
El itinerario nació con la voluntad de mostrar una Jordania distinta a la de las postales. No sustituye a Petra ni al mar Muerto, pero los enmarca dentro de un relato más amplio, el de un territorio que durante siglos fue cruce de rutas comerciales y que hoy puede recorrerse paso a paso, deteniéndose en cada pueblo, cada wadi y cada conversación con sus habitantes. El resultado es una ruta pensada tanto para senderistas experimentados como para viajeros que buscan un contacto más directo con la cultura local.
Ocho etapas de norte a sur

El Jordan Trail se divide en ocho grandes etapas, cada una con identidad propia. La primera arranca en el norte, entre Um Qais, Ajloun y As-Salt, una de las zonas más verdes del país, con colinas, cañones, olivares centenarios, vestigios romanos y castillos medievales.
Conforme el recorrido avanza hacia el sur, el paisaje se transforma. El sendero desciende hacia el valle del Jordán, se acerca a los cañones del mar Muerto y atraviesa algunos de los wadis más espectaculares del país, entre ellos Wadi Hidan y Wadi Mujib, antes de llegar a la fortaleza cruzada de Karak. Desde allí, la ruta continúa hacia Dana, cruzando valles, aldeas y campamentos beduinos hasta alcanzar la Reserva de la Biosfera de Dana, uno de los espacios naturales más relevantes de Jordania.
Uno de los tramos más reconocidos conecta Dana con Petra, cruzando antiguas minas de cobre y cañones ocultos que desembocan en la capital nabatea. El tramo final enlaza Petra con Wadi Rum por una de las zonas más agrestes del recorrido, donde los wadis dan paso a llanuras de arena y formaciones de arenisca. La última etapa lleva desde Wadi Rum hasta las aguas turquesas del golfo de Áqaba, atravesando montañas y senderos beduinos.
Caminar como forma de conocer el país

El trayecto recupera la lógica de las antiguas vías de comunicación que durante siglos cruzaron esta región entre civilizaciones. A lo largo del recorrido, los viajeros pueden alojarse en casas familiares, probar la gastronomía propia de cada zona y conversar con guías, pastores y comunidades beduinas. Esta dimensión de contacto directo con la población local diferencia al Jordan Trail de los circuitos turísticos convencionales.
El proyecto está vinculado al impulso del turismo sostenible en las zonas rurales del país. La Jordan Trail Association, creada en 2015, se encarga del mantenimiento, el desarrollo y la accesibilidad de la ruta, además de coordinar la red de proveedores locales, alojamientos familiares, guías y voluntarios que la sostienen. El sendero forma parte también de la Med Trails Network, la primera red mediterránea de senderos de larga distancia, orientada a generar desarrollo económico en zonas rurales a través del senderismo.
El Jordan Trail Pass, un cuaderno de viaje oficial




Para quienes quieren dejar constancia física de la experiencia existe el Jordan Trail Pass, una especie de pasaporte oficial de la ruta que funciona como cuaderno de viaje y registro de las etapas completadas. Pensado tanto para senderistas veteranos como para quienes se enfrentan al recorrido por primera vez, el documento permite anotar el progreso y, en caso necesario, presentarse ante las autoridades locales como acreditación del itinerario seguido.
Su función va más allá de lo simbólico. Al recorrer el sendero, alojarse en casas familiares, contratar guías locales o consumir la gastronomía de cada región, los viajeros generan ingresos directos en pueblos y zonas rurales que habitualmente quedan al margen de los flujos turísticos convencionales, reforzando un modelo de bajo impacto ambiental y fuerte arraigo territorial.
Un recorrido adaptable a cada viajero

Completar el Jordan Trail entero exige varias semanas, pero la ruta también puede recorrerse por tramos, según el tiempo disponible, la condición física y los intereses de cada persona. Algunas etapas están más orientadas a la naturaleza y la aventura. Otras combinan patrimonio, arqueología, gastronomía y experiencias de turismo comunitario, lo que permite diseñar itinerarios muy distintos entre sí sin perder la columna vertebral del proyecto.
Esta flexibilidad explica que el sendero atraiga tanto a senderistas experimentados como a viajeros interesados simplemente en la historia viva de las antiguas rutas comerciales, los paisajes abiertos del desierto o las conversaciones improvisadas con las familias que habitan la zona. Desde los bosques del norte hasta las montañas del desierto, desde los pueblos agrícolas hasta los campamentos beduinos, desde las ruinas romanas hasta Petra y el mar Rojo, el trazado ofrece una lectura completa de la diversidad geográfica y cultural de Jordania.
El Jordan Trail se suma así a una tendencia que crece en el turismo internacional, la de los senderos de larga distancia como forma de descubrir un país desde dentro, sin las prisas ni los filtros de los circuitos habituales. En un momento en que cada vez más viajeros buscan experiencias vinculadas al territorio y a sus comunidades, esta ruta jordana ofrece una alternativa concreta, medible en kilómetros y en pueblos atravesados, para quienes quieren conocer Jordania más allá de sus monumentos más fotografiados.

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