Cada año, la mañana del Domingo de Resurrección transforma la Plaza de Santa María de Aranda de Duero en el escenario de una tradición que sigue viva con la misma fuerza de siempre. Un niño vestido de ángel se eleva desde la fachada de la iglesia, suspendido a varios metros de altura entre confeti, y desciende lentamente hasta la imagen de la Virgen para retirarle el velo de luto.

El gesto, acompañado por los aplausos del público, el vuelo de las palomas y la música de la banda, marca el momento central de la Bajada del Ángel, el acto más emblemático de la Semana Santa arandina y uno de los rituales pascuales más singulares que aún se celebran en España.

Un escenario gótico como telón de fondo

Teniendo como telón de fondo la fachada y el pórtico grandioso de la iglesia de Santa María y como escenario la plazoleta que hay enfrente, el domingo solemne de la Pascua en que se conmemora la Resurrección del Salvador, se celebra en la capital de la ribera del Duero una de las mayores atracciones turísticas de las fechas vacacionales de la Semana Santa. El templo no es un marco cualquiera. Se trata de un edificio gótico del siglo XV cuya hermosa portada fue mandada construir por los Reyes Católicos a inicios del siglo XVI, uno de los ejemplos más notables del gótico isabelino en Castilla y León. Solo existen tres Bajadas del Ángel a nivel nacional y en Aranda de Duero la portada gótica de Santa María actúa como telón de fondo insustituible.

La preparación del espectáculo exige trabajo previo y precisión técnica. En los días anteriores a la Semana Santa, los empleados municipales montan la tramoya necesaria. En la fachada de la iglesia se instala un cubo cuadrangular vinilado semejando el cielo, con capacidad para unas tres o cuatro personas, al que se accede a través de una escalera de mano.

Desde la iglesia y hasta las casas de enfrente se cruzan, a una altura aproximada de 7 metros, las maromas por las que habrá de deslizarse el globo. El objeto de forma ahuevada, dividido en dos mitades, permanece oculto en el interior de la tramoya, donde se maneja el sistema de cordelerías y poleas. El Sábado Santo por la mañana tiene lugar el ensayo "in situ": se cuelga primero una pesa con el peso aproximado de la criatura y una vez comprobado que todo funciona a la perfección, se sujeta al niño con el arnés y se le eleva para comprobar que no teme a las alturas.

Una ceremonia sin origen documentado

Lo que hace aún más fascinante a este acto es la niebla que rodea sus orígenes. El acto es una reminiscencia de los autos sacramentales de la Edad de Oro, sin que exista documentación que refleje su origen ni se sepa con certeza desde cuándo se celebra. La Bajada del Ángel es una representación que en la actualidad se ha conservado en muy pocos lugares, lo que la hace cobrar especial interés. Es probable que en otro tiempo fuese un acto más generalizado, con similares características a las escenificaciones que tenían lugar los días de Semana Santa, Pascua, Corpus o Navidad en otros pueblos de la geografía peninsular y que han ido desapareciendo paulatinamente.

La ideología que proyectó la Contrarreforma contribuyó a este movimiento de piedad popular, que se materializó a través del desarrollo de funciones escénicas, autos sacramentales, imaginería y procesiones, siendo algo habitual en la España del siglo XVI y llegando a su punto culminante durante los siglos XVII y XVIII. Sin embargo, a falta de nuevos datos, debe pensarse que esta función no comenzaría a verificarse de forma habitual en Aranda de Duero hasta bien entrado el siglo XVIII o principios del siglo XIX.

La cofradía responsable de la organización y preservación del acto es la Cofradía de la Misericordia, también conocida como de las Candelas, cuya antigüedad en la localidad es excepcional. Sus ordenanzas fueron redactadas en 1532, aunque para entonces su existencia parece ser que estaba ya bien asentada en la población.

Minuto a minuto, la ceremonia más esperada del año

La ceremonia transcurre en un brevísimo espacio de tiempo, pero está cargada de contenidos simbólicos en cada uno de sus gestos. A las 11 de la mañana sale la Hermandad de la Resurrección de Cristo, con su capa blanca y muceta dorada, que procesiona con la imagen titular de Jesús Resucitado y la corporación municipal bajo mazas. A las 12:00 horas sale por la puerta del Perdón la Cofradía de la Misericordia con su imagen titular, la Virgen de las Candelas.

Una vez que la cofradía se aproxima a la imagen de Jesús Resucitado, que ha quedado situada en el centro de la plaza, el cofrade que porta el pendón de la Misericordia avanza hacia él realizando en el trayecto tres reverencias, inclinando el pendón hasta el suelo. Ese triple gesto no es casual. Evoca las tres caídas de Cristo camino del Calvario. Los portadores de las andas de la Virgen repiten la misma acción y al finalizar la colocan bajo las maromas por las que ha de deslizarse el ángel.

Es en ese instante cuando todas las miradas se dirigen hacia la fachada de Santa María. El globo sale de un entramado pegado a la fachada del templo que simula el cielo y, cuando se abre, el niño o niña ángel realiza una suelta de palomas y confeti. Las puertas del "cielo" se abren, el murmullo de la plaza se convierte en expectación contenida y la "nube", de forma ahuevada, empieza a deslizarse por la maroma hacia el centro de la plaza. Cuando llega al punto exacto sobre la Virgen, detiene su caminar.

La nube se abre en dos mitades y, entre una lluvia de confeti que pinta de colores el aire de la mañana, aparece el ángel. Va descalzo en señal de pureza y porta dos palomas en sus manos, que suelta hacia el cielo en símbolo de paz. El pequeño comienza a mover brazos y piernas en clara muestra de alegría mientras desciende hacia la Virgen. Al alcanzar su altura, con la mano derecha agarra el velo negro de luto y con la izquierda se quita la corona de flores que lleva en la cabeza como salutación a la reina de los cielos.

En ese momento cumbre, mientras María contempla ante ella a su Hijo Resucitado, la plaza entera rompe en aplausos y la banda de música entona el himno. El ángel, sin dejar de agitar brazos y piernas, es ascendido y descendido numerosas veces entre el júbilo popular, hasta que finalmente es calzado y el velo negro es depositado en una bandeja que el niño portará durante la procesión, situándose bajo las andas de la Virgen.

La cofradía que lo hace posible

La Cofradía de la Misericordia o de las Candelas tiene un elevado número de cofrades y es la única que no toma parte en las procesiones de Semana Santa de Aranda de Duero, limitándose a organizar este acto de la Bajada del Ángel junto con la procesión en la que se desarrolla. Es, en cierto modo, una cofradía con vocación exclusiva, centrada en custodiar y transmitir este rito singular de generación en generación.

Además de esta cofradía, existen en Aranda otras cinco, todas participantes en las procesiones de la Semana Santa. Las más antiguas son la Cofradía del Santo Entierro y la del Santo Cristo de la Salud o de la Soledad. En 1952 se crearon otras tres, la del Santísimo Cristo del Milagro, la de la Oración del Huerto y la de la Piedad. A lo largo de los siglos, la Semana Santa de Aranda de Duero ha experimentado transformaciones significativas, que no solo se reflejan en la puesta al día de las procesiones y rituales, sino también en la participación activa de las cofradías y hermandades integrando nuevos actos y enriqueciendo los existentes.

La Semana Santa de Aranda de Duero fue declarada Fiesta de Interés Turístico Regional de Castilla y León con fecha 10 de mayo de 2005, una distinción que subraya su importancia cultural y turística en la región. Desde entonces, la celebración ha experimentado un crecimiento sostenido en notoriedad y afluencia. La Semana Santa arandina integra patrimonio, enoturismo y gastronomía y avanza en su aspiración a ser reconocida como Fiesta de Interés Turístico Nacional.