Un recubrimiento con textura de escamas de tiburón, asientos más ligeros y aviones que ruedan por la pista con un solo motor encendido. Estas son algunas de las medidas con las que LATAM Airlines Group logra evitar la emisión de más de un millón de toneladas de CO₂ al año, el equivalente a lo que generan aproximadamente 200.000 personas en todo el mundo.

Una aerolínea que mira la sostenibilidad desde la cabina de mandos

LATAM

LATAM ocupa actualmente el primer puesto entre las aerolíneas más sostenibles de América y figura entre las cinco mejores del mundo según el Corporate Sustainability Assessment (CSA) 2025 de S&P Global. Ese reconocimiento no responde a una única gran apuesta tecnológica, sino a la acumulación de decisiones operacionales que, tomadas cada día y en cada vuelo, suman un resultado considerable.

"La sostenibilidad en la aviación no solo depende de grandes transformaciones, sino también de decisiones operacionales diarias que, sumadas, generan un impacto significativo. Muchas de estas medidas son invisibles para nuestros pasajeros, pero son clave para avanzar hacia una operación más eficiente y responsable", explica Stephano Gachet, líder del programa de eficiencia operacional del grupo.

Todas estas iniciativas se enmarcan dentro del programa Fuel Efficiency de LATAM, que ha permitido mejorar la eficiencia operacional global un 7%, evitar el consumo de más de 2,4 millones de barriles de combustible al año y reducir más de 6,5 millones de toneladas de CO₂, una cifra equivalente a las emisiones que genera el grupo en sus operaciones en Ecuador, Colombia y Chile durante un año completo, o a lo que producen aproximadamente 1,3 millones de personas en el mundo.

Rodar con un solo motor: la medida más eficiente en tierra

Antes de despegar o después de aterrizar, los aviones recorren varios kilómetros por las pistas y calles de rodaje del aeropuerto. En ese tramo, cuando las condiciones operacionales lo permiten, LATAM aplica la técnica conocida como Single Engine Taxi (SET), que consiste en desplazarse con solo uno de los motores en funcionamiento. La maniobra se ejecuta bajo estrictos protocolos de seguridad y ya forma parte de la operativa habitual de la compañía.

El resultado es el de mayor impacto individual dentro del programa, con una reducción de más de 100.000 toneladas de CO₂ al año. En un sector donde cada tonelada de combustible quemado cuenta, optimizar los desplazamientos en tierra representa una palanca de eficiencia accesible y eficaz.

AeroSHARK: la piel del tiburón aplicada a los Boeing 777

La naturaleza lleva millones de años perfeccionando formas para moverse con el mínimo esfuerzo. Los tiburones son uno de sus ejemplos más logrados: su piel está cubierta de pequeñas protuberancias microscópicas, llamadas dentículos dérmicos, que reducen la resistencia del agua al mínimo. Esa misma lógica es la que aplica la tecnología AeroSHARK, desarrollada para recubrir el fuselaje de los aviones con una superficie similar que minimiza la resistencia aerodinámica al aire.

LATAM está implementando este recubrimiento de forma progresiva en toda su flota de Boeing 777-300ER y ha validado en operación real una reducción cercana al 1% en el consumo de combustible. Cuando el proceso concluya, previsto para 2027, la tecnología permitirá evitar hasta 12.000 toneladas de CO₂ al año. No es una cifra enorme en términos absolutos, pero se trata de un ahorro permanente, integrado en la propia estructura de la aeronave y sin coste energético adicional.

Menos peso en cabina: asientos y pantallas que marcan la diferencia

En aviación, cada kilogramo cuenta. Los nuevos Airbus A320neo y A321neo incorporados a la flota de LATAM desde octubre de 2025 llevan a bordo asientos de última generación que, en su conjunto, pesan entre 200 y 250 kilos menos por aeronave que los modelos anteriores. La diferencia puede parecer marginal, pero multiplicada por cada vuelo y por toda la flota, se traduce en una reducción de aproximadamente 5.000 toneladas de CO₂ anuales y en ahorros operativos de cerca de 1,5 millones de dólares.

En paralelo, la compañía ha eliminado de forma progresiva las pantallas colectivas instaladas en la parte superior de la cabina de algunos aviones de pasillo único. Estas pantallas habían quedado obsoletas tras la incorporación de sistemas de entretenimiento personal en cada asiento y se mantenían en el avión simplemente como peso muerto. Retirarlas permite evitar cerca de 7.000 toneladas de CO₂ al año y genera un ahorro superior a 2 millones de dólares, sin que el pasajero perciba ninguna pérdida en la experiencia de vuelo.

El camino hacia las emisiones netas cero en 2050

Las medidas descritas son solo una parte de una hoja de ruta más ambiciosa. LATAM Airlines Group tiene como objetivo alcanzar las emisiones netas cero en 2050, un compromiso que comparte con buena parte de la industria aeronáutica global y que la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) ha fijado como meta colectiva del sector.

El reto es considerable. La aviación representa entre el 2% y el 3% de las emisiones globales de CO₂ y es uno de los sectores más difíciles de descarbonizar por su dependencia estructural del combustible de aviación convencional. Los combustibles de aviación sostenibles (SAF), la electrificación de trayectos cortos y el hidrógeno verde son las grandes apuestas tecnológicas a largo plazo, pero su implantación masiva todavía requiere años de desarrollo y una inversión muy elevada.

Mientras esas soluciones maduran, iniciativas como las que aplica LATAM demuestran que la eficiencia operacional puede recorrer un tramo significativo del camino. Rodar con un motor menos, retirar unos kilos de más o cubrir el fuselaje con una textura de escamas son decisiones que no transforman la industria por sí solas, pero que acumuladas vuelo a vuelo, día a día, construyen una operación sensiblemente menos contaminante. Y lo hacen ya, sin esperar a la próxima revolución tecnológica.