Muchos países de Europa, por herencia tanto histórica como geográfica, nos permiten encontrarnos con maravillas que han permanecido ocultas durante décadas o siglos, alejadas del ser humano, o al menos de su explotación turística como la concebimos hoy en día.

Si bien lamentablemente muchos de estos territorios han visto desaparecer grandes ejemplos de tales construcciones sobre todo durante la II Guerra Mundial, por suerte hay otros que siguen quitándonos la respiración cuando los tenemos frente a nosotros. Esto es lo que sucede con Polonia.

Colegiata de Tum, foto de Sławomir Milejski
Colegiata de Tum, foto de Sławomir Milejski

Pero claro, mientras las grandes masas piensan especialmente en conocer Varsovia, Cracovia y las otras ciudades reconocidas, como así también visitar sus campos de concentración o los sitios que marcaron la vida temprana de Juan Pablo II, los amantes del turismo medieval disponen de otro prodigio local que no debería quedar fuera de su itinerario: Tum.


Después de todo, no hay mejor garantía de conservación de una serie de edificios que mantenerse alejados de las grandes metrópolis, su bullicio y la industria turística a gran escala.

Una visita al siglo XII

Cuando hablamos de Tum lo hacemos acerca de un pequeño poblado, cuyos registros oficiales hablan de menos de 1.000 residentes estables, y que pertenece al distrito de Gmina Góra Świętej Małgorzaty, sobre la parte central del mapa polaco. Las ciudades más cercanas son Łęczyca, a apenas un par de kilómetros, y la capital regional Łódź, a una media hora en coche.

De hecho, la mayoría de los viajeros que deciden realizar este viaje en el tiempo que significa acercarse a Tum, pasan la noche en alguna de las dos urbes antes mencionadas, porque la verdad es que las opciones de alojamiento en este mínimo pueblo son más bien reducidas.

¿Y qué tiene de interesante este destino desconocido para el gran público? Pues bien, los primeros asentamientos en el lugar se desarrollaron allá por el siglo XII, y varias de las construcciones más relevantes para la vida de la época aún se sostienen en pie. Son muy pocos los poblados medievales, por esfuerzos que se hagan, que puedan sacar pecho de esta situación.

A la vista de las edificaciones principales, en las que vamos a detenernos a continuación, no podemos perder de vista los restos de la fortaleza levantada entre los siglos VI y VIII, cuando todavía Tum era el paso obligado de los deambulantes. Caída en desuso para el siglo XIV, estamos en condiciones de ver sus ruinas para hacernos una idea de los estilos y necesidades de entonces.

La colegiata de Tum

Colegiata de Tum

Pero el más llamativo punto de interés para los turistas que llegan hasta el interior de Polonia es la iglesia colegiata de Santa María y San Alejo en Tum, o simplemente la colegiata de Tum.

Nos referimos a una bellísima iglesia colegiata de estilo románico, la primera representación de este estilo arquitectónico en aquel país, que fuera construida entre los años 1140 y 1161 según los estudiosos. Para ello se utilizó granito de la zona, un material famoso por su resistencia. Resistencia de la que es posible dar cuenta casi mil años más tarde, gracias a su gran estado de conservación.

Más técnicamente, podemos decir que esta iglesia pertenece al estilo opus emplectum, el cual se caracteriza por un muro de doble hoja, por lo general labradas, junto a un interior de mampuestos. En su interior podemos hallar tres naves de dimensiones similares entre ellas, con una galería en el centro, además de torres gemelas en el lado oeste, y un ábside sobre cada uno de los extremos.

Aunque los bombardeos de la II Guerra Mundial no le causaron tanto daño como a otras partes del continente, los gobernantes polacos tuvieron que encarar un proceso de reconstrucción parcial y puesta en valor, para evitar que pudiera colapsar ante el desgaste de sus estructuras originales.

Tras estas modificaciones, el parecido de este edificio con el de la Catedral de Wawel, fundada por Vladislao I Herman, pasó de ser apenas un esbozo a transformarse en una sensación inevitable. Esto, a pesar de ser el resultado de varios proyectos separados por cientos de años entre ellos.

A día de hoy, la colegiata de Tum está basada en la primera reconstrucción, allá por el siglo XV, aunque conserva elementos de la del siglo XII, como por ejemplo el portal norte, y otros pequeños retoques que fueron añadidos a mitad del siglo pasado, hasta 1954.

Para los más curiosos sobre la historia es obligatorio exponer que su crucifijo fue realizado por pedido por Józef Gosławski, en 1943.

La iglesia de San Nicolás

Tum
Tum

Una vez que hayas recorrido la colegiata y sus alrededores es el turno de la Iglesia de San Nicolás, probablemente menos imponente que aquella, pero igual de cautivadora para los ojos.


En esta ocasión, estamos en presencia de una iglesia Católica construida en madera, casi única en su especie, y un objeto de adoración para los habitantes de Tum. De marcado estilo barroco, fue construida a mediados del siglo XVIII con la particularidad de poseer una sólo una nave, sin ninguna orientación específica como era frecuente.

Otros de sus detalles son un presbiterio más estrecho que la nave de forma rectangular, o el techo que ha sido recubierto de tejas para mantener la madera en buen estado frente a la lluvia y la nieve. Destaca, asimismo, una campana con linterna, ubicada en la parte alta la cual también ha sido recubierta con tejas para su cuidado.

En el interior, tanto el altar como el crucifijo pertenece al barroquismo, y lo que inevitablemente atrae a los viajeros son los retratos de ataúdes colocados sobre las paredes laterales, en su mayoría pintados de modo contemporáneo a la construcción.

Al igual que la colegiata de Santa María y San Alejo en Tum, la iglesia de San Nicolás puede visitarse en los horarios que permanece abierta a los fieles, siguiendo todas las recomendaciones sobre la preservación de sus objetos y cimientos.

Si quieres descubrir la Europa medieval, pocas opciones mejores que Tum en un país económico que nos permite disfrutar de una forma holgada de su riqueza cultural y marcada personalidad.

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