Entre el mar Cantábrico, la desembocadura del Sella y los Picos de Europa, Ribadesella es pura esencia asturiana, pura esencia marinera. Desde la playa de Santa Marina, a la cueva de Tito Bustillo, desde la ermita de la Virgen de la Guía hasta la torre de la Atalaya, el paseo por la localidad riosellana ofrece al viajero un sinfín de atractivos que la convierten en una de las visitas imperdibles del Oriente de Asturias.

Ubicado a 60 kilómetros de Gijón y a media hora de Lastres, la localidad riosellana es también la meta final del Descenso Internacional del Sella, uno de los eventos más importantes del verano en el Principado, celebración deportiva, pero también lúdica, que atrae a Ribadesella a miles de personas a principios de agosto. 

Lo mejor de Ribadesella 

Ribadesella
Ribadesella. Fuente: Pixabay

Nuestra visita a Ribadesella comienza en su casco histórico, la mejor forma de empezar apreciar la orgullosa historia de este pueblo y su exultante arquitectura. Porque la localidad riosellana es una magnífica oportunidad para conocer lo mejor de la arquitectura residencial asturiana, desde los palacios de sabor renacentista como el palacio Prieto-Cutre, actual sede del Ayuntamiento, hasta las casas populares del entrañable barrio de Portiellu, sin olvidarnos del emblemático Hotel Villa Rosario o la propia torre de la Atalaya, un edificio de estética medieval construido en plena eclosión del historicismo en el XIX. 


Otro de los hitos riosellanos está al otro lado de la desembocadura del Sella. Solamente el camino que nos lleva hasta la ermita de la Virgen de la Guía ya es una maravilla recorriendo el Paseo de la Grúa que ofrece unas magníficas vistas de la playa de Santa Marina y que nos acerca al área recreativa del monte Corberu.  

A lo largo de este camino podemos encontrar los paneles de Mingote que representan los momentos más relevantes de la historia de Ribadesella. Y al final del paseo, la ermita, un edificio del siglo XVI reformado a finales del XIX que custodia la patrona de los marineros: desde este punto tendrás una de las mejores vistas de Ribadesella y del propio Cantábrico. 

Ribadesella
La ermita del Virgen de la Guía de Ribadesella en lo alto del monte Corberu. Fuente: Pixabay

Pero una visita a Ribadesella no puede pasar por alto la cueva de Tito Bustillo, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 2008 siendo uno de los testimonios más importantes de arte rupestre de España.

Descubierta a finales de los 60 por un grupo de espeleólogos en el macizo de Ardines, alberga testimonios pictóricos que van desde el 33.000 al 10.000 a.C. organizado en 11 conjuntos que reúnen más de cien representaciones grabadas y pintadas incluyendo diferentes técnicas y estilos.

En 2011 se inauguró en el entorno de la cueva el Centro de Arte Rupestre Tito Bustillo: una buena forma de divulgar los tesoros de la cueva teniendo en cuenta que, por motivos de conservación, solo puede ser visitada por 30 personas cada día.

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Entrada a la cueva de Tito Bustillo. Fuente: Wikipedia

Y si te gustan las cuevas, a diez minutos al sur de Tito Bustillo se encuentra la denominada Cuevona de las Cuevas por la que transcurre una carretera que atraviesa la montaña en paralelo a un pequeño arroyo que es el responsable de la erosión de la piedra: un espectáculo único.  

De regreso a la costa es momento de darnos un chapuzón. Que sí, que las aguas del Cantábrico están frías, pero no te preocupes que el cuerpo se acaba aclimatando… tarde o temprano. De este a oeste, comenzamos nuestra ruta por el litoral riosellano en los Acantilados del Infierno, una elocuente denominación para unos precipicios no aptos para personas con vértigo. 

Pasando los pedrales de Arra y Arvidel, llegamos a la playa de la Atalaya, la cala por excelencia de Ribadesella. Y justo en la desembocadura del Sella arranca la playa de Santa Marina, la más popular del pueblo, una maravilla en forma de concha cuya arena dorada y fina hará las delicias de grandes y pequeños.  

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Ribadesella. Fuente: Unsplash

Pero las playas de Ribadesella no terminan en Santa Marina. Al oeste, pasando los Acantilados de Tereñes, llegamos a la playa de La Vega, un inmenso arenal declarado Monumento Natural de Asturias gracias a su exultante perfil salvaje. 

Por último, no hay que olvidar que Ribadesella está enclavada en el Camino del Norte del Camino de Santiago. Pero, además, senderistas y cicloturistas también están de suerte en este entorno porque existen diversas rutas para disfrutar de la espectacular naturaleza del entorno riosellano como la ruta de los Miradores de Ardines, que discurre sobre el macizo homónimo o la ruta del Monte Moru, para BTT, una ruta circular que parte de la Cuevona y que recorre el sur de Ribadesella: una forma ideal de conocer algunas de las entrañables aldeas del entorno riosellano. 

El Descenso del Sella 

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La playa de Santa Marina y el puente sobre el Sella, final del Descenso. Fuente: Wikipedia

Dos años sin bajar el Sella son muchos años, pero la situación sanitaria no permite, según los organizadores, que este 2021 tampoco se celebre uno de los eventos más multitudinarios del verano asturiano. Habrá que esperar, por tanto, a 2022 para ver el espectáculo de las piraguas, una competición deportiva que desde hace muchos años es también una fiesta que atrae a miles de personas.  

El Descenso del Sella nace como competición en 1932, siendo la salida en Arriondas y la meta bajo el puente Ribadesella después de 20 kilómetros de descenso por el río. La propia salida es uno de los momentos más emocionantes de la prueba, con todos los participantes en la orilla. Tras el recitado en verso del ritual de salida y el canto del himno de Asturias por parte de miles de espectadores, se da el pistoletazo de salida de la prueba a las 12 en punto.  

Llega entonces una doble carrera, la de los propios participantes por alcanzar la meta y la de los espectadores por llegar al puente de Ribadesella antes de que los palistas crucen la línea de llegada y así poder vitorearlos. La fiesta, que para muchos ya comenzó la noche anterior, continúa a lo largo de todo el día hasta la entrega de premios. Un fin de semana de trepidante folixa que volverá en 2022… pandemia mediante. 

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