Marruecos es un país apasionante. Así. Sin paños calientes. Cuenta con una gran riqueza cultural desconocida para muchos. Sobre todo en nuestro país.

Y es que, aunque en España los marroquíes dejaron un gran legado, estuvieron asentados durante siglos, muchas veces existe esa sensación de haber eliminado del mapa parte de esa herencia cultural.

Viajar a Marruecos es tener la sensación de estar en otro mundo. Un país de contrastes que no tiene nada que envidiar a otras zonas de las que comúnmente pensamos que están más desarrolladas. Un país que ha cambiado mucho y que bien merece la pena una visita. Por ello, vamos a desvelar algunas razones por las que deberías tenerlo en cuenta a la hora de planificar tu próxima escapada. ¿Te vienes?


Precios imbatibles

No nos engañemos, a todo viajero inteligente le gusta poder visitar destinos sin desembolsar grandes cantidades de dinero. Y es por eso que Marruecos este año destaca por encima de otros países.

Los vuelos a algunas de sus ciudades más importantes, como Marrakech o Rabat, están más baratos que nunca. Por ello, una buena forma de llegar hasta allí es por medio del avión. Cómodo, seguro y rápido.

Además, no es solo barato ir, sino también la estancia. Por pocos euros (o dirham si queremos ponernos técnicos), podrás alojarte en un buen riad y disfrutar de todas las exquisiteces que nos puede ofrecer este maravilloso país.

Especias en un zoco de Marruecos
Especias en un zoco de Marruecos

Gran riqueza cultural

Marruecos es pasión. Es vida. Marruecos hay que vivirla. Un país de tradiciones que desde hace varios años va abrazando poco a poco el cambio. Cosa que se nota, sobre todo, con el trato a los turistas que se acercan a deleitarse con sus costumbres.

Una cultura milenaria de la que aún tenemos mucho que aprender. El país del té, de las comidas especiadas, de las cantidades abundantes. En Marruecos siempre encontrarás un guía espontáneo que intentará ayudarte en caso de que te encuentres perdido.

No dudes en aprender todos los trucos que guardan sus antiguas boticas. Déjate aconsejar por aquellos que han consagrado su vida a ayudar a los demás. Interésate por sus orígenes, por los pueblos bereber que aún conviven como nómadas en las laderas del Atlas. Por un idioma que aún tiene mucho que contar.

Color, olor, sabor

Marruecos sabe cómo exprimir estos tres conceptos al máximo. Porque es un país para disfrutar con los cinco sentidos.

Un lugar de contrastes donde maravillarte con las tonalidades rosáceas de ciudades como la imperial Marrakech. Donde perderte por los colores ocres de las arenas del Sáhara. O del potente verde de las ciudades costeras.

Olerás a especias en cada rincón. Cuando llueve, en Marruecos huele a especias. Y saborearás su cultura a través de platos contundentes y tradicionales como el cuscús. Tómate después un digestivo: un té realizado a partir de las mejores hierbas marroquíes. Y endúlzate con algunos de sus pasteles más típicos, ideales para acompañar tu taza humeante.

Rincones con color en Marruecos
Rincones con color en Marruecos

Solidaridad y generosidad a partes iguales

Los prejuicios son para aquellos que no han viajado. Que no han vivido en sus propias carnes la experiencia de ser ayudado por la gente marroquí.

Porque el de Marruecos es un pueblo atento, amable y generoso. Gente que no duda en acompañar a cualquiera hasta su lugar de destino en casa de verse perdido. Personas que ayudan, sobre todo a los turistas, entendiendo que a diferencia cultural y de idioma puede estar en su contra.

Los marroquíes son gente habladora. No dudes en preguntar cualquier cosa que necesites o que desees saber. Con educación, respeto y valores se va a cualquier sitio. Y entablar conversación con ellos es una buena forma de impregnarte de su excelente y rica cultura.


Piérdete para poder encontrarte

Esta es una de las razones que más pesa para descubrir el país vecino. Un lugar para perderse donde puedes viajar con el reto de encontrarte a ti mismo.

Superar las adversidades del calor de verano, solucionar cualquier problema que pueda darse durante el viaje. Todo ello son experiencias que te enriquecerán como persona, y que también te servirán, y mucho, para darte cuenta de quién y cómo eres en realidad.

El objetivo es volver renovado, recargar las pilas con la energía del sol del desierto. Conoce animales que probablemente nunca has visto, como los elegantes camellos. Y vuelve con la mochila repleta de recuerdos increíbles.

Desierto de Merzouga, Marruecos
Desierto de Merzouga, Marruecos

Pasear por las medinas de sus ciudades

La riqueza arquitectónica de Marruecos también es algo que llama la atención. En el centro de sus ciudades más importantes, encontramos otra especie de ciudad fortificada, rodeada por murallas delimitando el centro histórico. Es lo que se conocen como medinas.

Aquí viviremos como auténticos marroquíes. Es donde se cuece todo. Los zocos, los mercados, las cafeterías que debes visitar. Es como si todos los lugares que tuvieras que ver estuvieran concentrados en un pequeño espacio del lugar. Y eso, si es la primera vez que visitamos una ciudad marroquí, es algo que nos llamará, y mucho, la atención.


Cualquier compra que tengas que hacer podrás hacerla dentro de la medina. También, en ciudades como Marrakech, es el centro neurálgico donde se concentra la mayor oferta de riads convertidos en hoteles de toda la zona. No habrá nada que no puedas hacer. Desde pasear, hasta dormir, pasando por comprar, comer, etc. Un consejo si vas a alojarte en una ciudad como esta es hacerlo en el interior de la medina. De esta manera, podrás vivir el tiempo que estés como un auténtico marroquí.

Parece mentira que estando tan cerca tengamos culturas tan diferentes. Pero así es. Y es una suerte la cercanía para poder comprobar con nuestros propios ojos y sentir en nuestra piel las bondades de una cultura milenaria que, aunque distante a la europea, no es tan lejana como podemos pensar.

Si viajas a Marruecos vívelo. Porque es un país para vivirlo, para conocerlo a fondo. No te quedes en lo superficial, pregunta siempre un porqué, siente como ellos y, en la medida de lo posible, actúa como ellos. Volverás con una riqueza cultural a tus espaldas inigualable.


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