Bujaruelo se localiza en la provincia aragonesa de Huesca, al noroeste del valle de Ordesa, en los límites del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. El valle, que estuvo habitado en la antigüedad, constituyó durante generaciones una importante zona de paso entre Francia y España, por lo que la espectacular belleza natural de este espacio también esconde rincones históricos de interés.

Así que hoy nos acercamos hasta el bosque del Cobatar en Bujaruelo para descubrir uno de los lugares más hermosos durante la estación otoñal en los Pirineos de Huesca, a través de una de las sendas más bonitas y accesibles que es posible recorrer en él.

Valle de Bujaruelo

Bujaruelo
Fuente: Wikimedia/Turol Jones

El valle de Bujaruelo, en el municipio de Torla (Huesca), cuenta con unos 20 kilómetros de longitud, los cuales se extienden entre el Puente de los Navarros, lugar en el que confluyen los ríos Ara y Arazas, y el Collado de los Mulos (Col des Mulets), a 2591 metros de altitud sobre el nivel del mar.


Este espectacular espacio natural de los Pirineos Oscenses, en el que se suceden los bosques y las praderas, se encuentra distinguido por varias figuras de protección oficial, aunque sorprende conocer que todavía no ha sido integrado en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, y simplemente consta catalogado como Zona Periférica de Protección del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.

Asimismo, se trata de una Zona de Especial Proctección para las Aves (ZEPA) y Lugar de Interés Comunitario (LIC), además de formar parte de la Reserva de la Biosfera Ordesa-Viñamala. Esta fue una de las primeras reservas de la biosfera españolas en ser declaradas como tal, allá por el año 1977, y cuenta con una extensión total de 117 364 hectáreas.

Entre la fauna del valle de Bujaruelo, encontrarás el tradicional ganado, con las cabañas bovinas y ovinas, además de especies como el quebrantahuesos (Gypaetus barbatus), el buitre leonado (Gyps fulvus), el águila real (Aquila chrysaetos) y el desmán de los Pirineos (Galemys pyrenaicus), un topo de agua que solo habita en el norte de la península ibércia. En lo que respecta a su flora es necesario mencionar la Calamintha grandiflora, que solo se encuentra en tres zonas de los Pirineos: en Capcir (Francia), en el Berguedá de Barcelona y en Bujaruelo. Se trata de una de las especies amenazadas de la comunidad autónoma de Aragón.

Con todo ello, si te apetece conocer el valle de Bujaruelo en otoño, aprovecha para adentrarte recorriendo el bosque del Cobatar, aunque el verano también es una temporada idílica para disfrutar de unos días de desconexión en la alta montaña.

Bosque del Cobatar

Valle de Bujaruelo
Fuente: Flickr/Guillaume Baviere CC BY-SA 2.0

Lo mejor para conocer el bosque del Cobatar es recorrer la ruta que comunica el puente de Santa Elena con el puente de San Nicolás de Bujaruelo. Esta senda que avanza de forma paralela al río era la única que permitía atravesar por aquí el valle y comunicaba los distintos puntos del territorio, hasta que se construyó la pista más moderna, que en la actualidad parte del Puente de los Navarros y resulta apta para todos los vehículos.

El inicio de nuestra ruta a pie se encuentra en el puente de Santa Elena, sobre las aguas del río Ara, a un par de kilómetros del Puente de los Navarros, el cual constituye el límite occidental del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Apenas comiences a avanzar te sorprenderá un frondoso bosque de abetos, hayas, serbales, abedules, tejos centenarios y arbustos como el acebo y la madreselva del Pirineo. Se trata del hermoso camino del Cobatar, que comparte en este tramo la Senda Pirenaica GR 11, un sendero de Gran Recorrido cuyo trayecto se extiende a través de 800 kilómetros entre el Cabo de Higuer (Gipuzkoa) y el cabo de Creus (Girona).

Te sorprenderá la belleza e inmensidad del paisaje que, durante el otoño, se tiñe de los tonos rojizos, marrones y parduzcos del bosque del Cobatar, cuando el suelo se cubre con las hojas de los árboles en paisajes idílicos. Después de unos pocos kilómetros de recorrido, y tras dejar atrás el puente de los Abetos, en un tramo con unos paisajes increíbles, se alcanza el barranco de Gabieto, donde finaliza el bosque. A continuación, al continuar la ruta, se llega a uno de los rincones más mágicos del valle, en torno al puente románico de San Nicolás de Bujaruelo.

El puente románico de San Nicolás, que cuenta con un solo arco, fue construido durante el siglo XIII sobre el cauce del río Ara. Este es el único río aragonés que se encuentra sin represar en el Alto Aragón. Si cruzas el río, encontrarás el antiguo hospital de peregrinos, que en la actualidad alberga el Refugio de Bujaruelo y una casa de comidas. El edificio fue construido por los caballeros hospitalarios o sanjuanistas, pertenecientes a la Orden Hospitalaria de los Caballeros de San Juan de Jerusalén, encargados de asistir a los peregrinos del Camino de Santiago de Compostela, así como a comerciantes y pastores.

A pocos metros del refugio se alza la ermita románica de San Nicolás, construida en honor a San Nicolás de Bari. Este era el primer templo que se encontraban los peregrinos del Camino de Santiago o los pastores o los soldados cuando cruzaban el puerto de Bujaruelo o llegaban desde Gavarnie, en Francia. Y es que el antiguo paso que enlazaba San Nicolás de Bujaruelo con San Juan de Gavarnie constituía una vía de comunicación fundamental, frecuentada por viajeros, pastores, peregrinos y proscritos, que también terminó convirtiéndose en una ruta comercial de gran importancia en toda la región.

Si quieres alojarte en la zona, puedes escoger entre diversas casas de turismo rural, el Camping Refugio de Bujaruelo, situado en una pradera alpina sin aparcelar a 1350 metros, junto al puente romano de San Nicolás de Bujaruelo, y el Camping Valle de Bujaruelo, con varios bungalós de madera y una zona de acampada, en terrazas escalonadas, con césped y sombra.

1 Comentario

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here