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El Tour de Francia se ha convertido en las últimas décadas en uno de los mejores instrumentos de marketing para promocionar el turismo en nuestro país vecino. Todas las personas que, entre siesta y siesta, se han puesto delante de la televisión para ver alguna etapa se han enamorado seguro de alguno de esos encantadores pueblos de la campiña francesa o de los maravillosos puertos de los Pirineos y los Alpes.

Y es que, más allá de su estrecha vinculación con la historia del ciclismo, estas montañas se encuentran siempre en increíbles parajes naturales que las convierten en atractivos destinos turísticos. Por eso, queremos aprovechar el inicio de este Tour de Francia tan especial para recordar sus puertos más míticos.

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Aubisque
Col d’Aubisque – Foto Wikipedia

Y no abandonamos los Pirineos, pero nos dirigimos en esta ocasión a la zona de Pau y Tarbes. El Col d’Aubisque ha sido atravesado en 46 ocasiones por el Tour de Francia y esto le convierte en uno de los puertos más visitado en esta competición. Tal es su importancia que fue la propia organización del Tour quien pagó los arreglos de la carretera a finales de los años 80.

Permanece habitualmente cerrado durante el invierno, pero al llegar el verano se convierte en un importante atractivo turístico de la región, atrayendo a numerosos ciclistas aficionados. No solo por la dificultad del reto que supone su ascenso, en cualquiera de sus vertientes, sino sobre todo por las maravillosas vistas de los verdes valles y los colosos montañosos que se pueden disfrutar durante la subida.

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