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Dalí es uno de los grandes nombres de la historia del arte del siglo XX, un personaje único entregado a la expresión artística en diversas facetas, desde el cine y la escultura, a la fotografía y la propia pintura. Consciente de su potencial, el artista catalán supo crear a su alrededor un aura fantástica que lo convirtió en una figura mediática, un pionero influencer del siglo pasado.  

Para profundizar en la figura de este artista indómito hacemos un recorrido por el denominado triángulo daliniano de Girona, una ruta que nos lleva a conocer los tres vértices que impulsaron la creatividad de Dalí: Figueres, Portlligat en Cadaqués y el castillo de Púbol. 

Siguiendo los pasos de Gaudí en Girona

Teatro-Museo Dalí en Figueres 

Museo Dalí en Figueres
Museo Dalí en Figueres

«Cada mañana cuando me levanto experimento una exquisita alegría: la alegría de ser Salvador Dalí. Y entonces me pregunto entusiasmado ‘¿Qué cosas maravillosas logrará hoy este Salvador Dalí?’». La primera alegría de Dalí llegó un 11 de mayo de 1904 en Figueras. Ese día, un bebé de nombre Salvador veía por vez primera la luz del día. Poco después sería bautizado en la iglesia de San Pedro de la localidad gerundense. 

No creemos que, con tan pocas horas de vida, Dalí ya estuviese pensando en fundar su museo frente a la iglesia que lo bautizó, pero con el genio catalán nunca se sabe.



Sería en 1961 cuando, aprovechando un homenaje en Figueras, Dalí anuncia que su ciudad natal tendría un museo para recordar su obra que se ubicaría en las ruinas del antiguo teatro municipal que había sido parcialmente destruida por un incendio unas décadas atrás. 

Museo Dalí en Figueres
Museo Dalí en Figueres

Dalí explicó que no había mejor lugar que ese, con sus paredes quemadas como si de un cuadro abstracto se tratara, para recibir parte de su obra: “soy un pintor eminentemente teatral, el Teatro se encuentra frente a la iglesia donde fui bautizado y fue en la sala del vestíbulo del Teatro donde expuse mi primera muestra de pintura”. 

Pero los asuntos de palacio van despacio, y el museo tardó más de una década en abrir sus puertas tras diversos problemas presupuestarios. Finalmente, el 28 de septiembre de 1974 se celebraba la inauguración oficial. Quince años más tarde, Dalí fallecía y su cuerpo era enterrado bajo la cúpula geodésica que diseñó el arquitecto Emilio Pérez Piñero. 

El triángulo daliniano, una ruta surrealista por Girona
Sala Mae West en el Teatro-Museo Dalí. Fuente: Pixabay

Hoy, el Teatro-Museo de Dalí es uno de los museos más visitados de España. Y es que el propio diseño del edificio ya atrapa al visitante con su sugerente estética surrealista, casi como poner los pies en un sueño daliniano.

Solo hace falta acercarse a la sala Mae West —una de las 22 salas que forman el espacio expositivo— para entender que este no es un museo como los demás: Dalí recreó la cara de la famosa actriz con elementos de mobiliario. 

Portlligat 

El triángulo daliniano, una ruta surrealista por Girona
El triángulo daliniano, una ruta surrealista por Girona. Fuente: Depositphotos

A poco menos de una hora al este de Figueres, alcanzamos Portlligat, un pequeño pueblo al norte de Cadaqués donde un joven Dalí se instaló a partir de 1930. El artista adquirió una antigua barraca de pescadores frente a la costa que fue ampliando con el tiempo adquiriendo otras barracas próximas que formarían su residencia-taller. 

Cuando Dalí aterrizó en Portlligat aún no se había convertido en el enfant terrible del surrealismo, pero iba camino de ello. Solo un año antes había colaborado con Buñuel en Un perro andaluz y La edad de oro, dos proyectos cinematográficos que se convertirían en referenciales para la historia del séptimo arte. 

El triángulo daliniano, una ruta surrealista por Girona
El triángulo daliniano, una ruta surrealista por Girona. Fuente: Depositphotos

Pero al margen de su torrente creativo, Dalí sumaba diversos problemas personales como los que tenía con su padre que no aprobaba buena parte de su vida, sus amistades con otros surrealistas, además de su relación con Gala. Dalí pone tierra de por medio yéndose a Portlligat, que acabara convirtiéndose en su refugio creativo.  

Diseñado y modificado permanentemente a lo largo de casi 50 años creando una estructura laberíntica que incluye galerías sin salida, la residencia de Portlligat forma hoy en día una casa-museo en tres ámbitos: la zona residencial, el estudio y los espacios exteriores a los que hay que sumar la del taller adicional de la zona del Olivar, todo ello tratando de mantener el aura daliniana del refugio del artista durante más de cinco décadas. 

Castillo de Púbol 

El triángulo daliniano, una ruta surrealista por Girona
Ambiente campestre del Púbol daliniano. Fuente: Depositphotos

A poco más de una hora al sur de Portlligat alcanzamos el tercer vértice de esta ruta surrealista por Girona. Cuenta la leyenda —que conociendo a Dalí tiene toda la pinta de ser cierta— que un buen día le prometió a Gala que le regalaría un castillo. Un tiempo más tarde, viendo que no cumplía su promesa, Gala le reclamó su regalo: Salvador se perfiló el bigote y dijo: “sujétame el vermú”.  

El artista ampurdanés visitó diversos castillos por la zona hasta que finalmente puso sus ojos en el de Púbol, un pequeño pueblo del Baix Empordà cerca de Peratallada. Cuando Dalí compró el castillo se encontraba muy deteriorado, con los techos hundidos, grietas enormes y un jardín asalvajado. No nos cuesta imaginar los ojos de Dalí viendo tal espectáculo y diciendo: “Cuánto cuesta esto, que te doy el doble”. 

Dalí y Gala no trataron de ocultar su estado ruinoso, al contrario, lo potenciaron sin menoscabo de solventar los problemas estructurales para evitar que todo se viniera abajo en plena fiesta surrealista. Para el propio Dalí, el castillo era un lugar de culto a Gala:  

“Me faltaba ofrecer a Gala un estuche más solemnemente digno de nuestro amor. Por ello le regalé una mansión edificada sobre los restos de un castillo del siglo XII, (…) donde ella reina como soberana absoluta, hasta el punto de que yo no la visito si no es con una invitación escrita de su mano. Me he contentado con decorar sus techos para que, al levantar los ojos, me encuentre siempre en su cielo”.  

El triángulo daliniano, una ruta surrealista por Girona
El triángulo daliniano, una ruta surrealista por Girona. Fuente: Wikipedia

Menos mal que Dalí no le prometió la luna, si no ahora tendríamos una permanente noche oscura. Actualmente, el castillo de Púbol es otro rincón imperdible para los aficionados a la estética daliniana con algunas esculturas en el patio procedentes de su imaginario más célebre.  

Así mismo, también puede visitarse la sala de la antigua cocina convertida en baño, la colección de vestidos de alta costura de Gala, así como el famoso Cadillac con el que Dalí hacía sus entradas triunfales cual cesar llegando a la Roma imperial: casi hasta podemos verlo sentado en el coche, con los ojos muy abiertos pergeñando un nuevo proyecto loco con el que seguir burlando la vida.

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