Hace un millón de años, las aguas del arroyo de Valporquero comenzaron a horadar la roca caliza disolviendo las entrañas de esta zona al sur de la Cordillera Cantábrica. Este paulatino proceso de erosión ha generado uno de los grandes tesoros geológicos de la provincia de León, la Cueva de Valporquero.

Acompáñanos en este viaje al centro de la Tierra para descubrir la catedral subterránea de León, un recorrido de 1300 metros en su nivel superior que atraviesa siete salas y que ofrece un asombroso paisaje de estalactitas, estalagmitas y columnas que el agua ha ido esculpiendo a lo largo de miles de años. 

La Cueva de Valporquero, una catedral subterránea 

La catedral subterránea de León
Cueva de Valporquero, la catedral subterránea de León. Fuente: Turismo de León

En el siglo XIII León vio nacer su catedral, uno de los edificios medievales más espectaculares de España. Pero un poco más al norte de la capital provincial ya se ubicaba desde tiempo inmemorial otra catedral que también ofrece al devoto un espacio de atmósfera mística.  


La Cueva de Valporquero no necesita vidrieras ni esbeltos pilares para impactar a los visitantes: las estalactitas y estalagmitas, los reflejos de la luz en el agua y en los huecos de la roca y las diferentes sensaciones táctiles que genera la piedra hechizan al visitante, como si esta catedral subterránea también pudiese dar respuesta a las eternas preguntas.  

Ubicada a una hora de León y a una hora y media al sur de Oviedo, la Cueva de Valporquero nació como atracción turística en 1966, tras una compleja tarea de acondicionamiento e iluminación por parte de la Diputación de León. No era sencillo habilitar sus siete salas para permitir una visita cómoda y segura del nivel superior de la cueva. El nivel inferior, con sus más de tres kilómetros de galerías y su corriente subterránea de agua, solo es accesible por espeleólogos. 

Las 7 salas de la Cueva de Valporquero 

La catedral subterránea de León
Cueva de Valporquero, la catedral subterránea de León. Fuente: Turismo de León

Actualmente, se ofrecen tres recorridos diferentes para disfrutar de la Cueva de Valporquero. El recorrido normal, con una visita de aproximadamente una hora que atraviesa las primeras cinco salas, el recorrido largo de una hora y media que cubre las siete salas de la cueva y, finalmente, la visita conocida como Valporquero Insólito, de unas tres horas, un recorrido para grupos reducidos que incluye un tramo ‘a oscuras’ —solo iluminado por frontales que portan los visitantes— y en el que se accede a rincones exclusivos de la cueva, como el curso de aguas donde se inicia la travesía espeleológica con tramos sin acondicionar. 

La entrada a la cueva se hace por la conocida como Boca de la Cueva, uno de sus iconos: un enorme arco excavado en la roca que es la antesala para este viaje al centro de la Tierra. Tras la Boca de la Cueva llegamos a las Pequeñas Maravillas, primera sala de las siete del recorrido largo: un espacio plagado de rocas de formas caprichosas con nombres que evocan sus parecidos: la torre de Pisa, la Virgen con el Niño, el órgano… 

La Gran Rotonda es la sala de mayores dimensiones, otro de los iconos de Valporquero, que incluye la famosa roca conocida como el fantasma. Después están las Hadas donde, en temporada de lluvias, encontramos una cascada de 15 metros de altura que cae hacia el curso de agua del nivel inferior. 

La catedral subterránea de León
Cueva de Valporquero, la catedral subterránea de León. Fuente: Turismo de León

La cuarta sala del recorrido es una de las más esperadas: el Cementerio Estalactítico. En él podemos disfrutar de estas singulares formas rocosas que el agua ha ido tallando a lo largo de miles de años. Y después cruzamos la Gran Vía, una espectacular galería maravillosamente iluminada con una longitud de unos 200 metros y alturas que alcanzan los 30 metros. 

En este punto finalizaría el recorrido corto, pero nosotros continuamos hacia la sexta sala de la Cueva de Valporquero donde se encuentra la Columna Solitaria, otra de las imágenes más recordadas de esta catedral subterránea. Y antes de iniciar el camino de vuelta entramos en la Sala de las Maravillas: cientos de agujas afiladas cuelgan del techo marcando el final de este hechizante viaje al centro de la Tierra. 

El entorno de la Cueva de Valporquero 

La catedral subterránea de León
Zona exterior de la Cueva de Valporquero. Fuente: Turismo de León

A pesar de que la catedral subterránea es el mayor reclamo de esta zona de León, no hay que olvidar que estamos en la Cordillera Cantábrica, un territorio de excepcional belleza y que ofrece al visitante numerosas opciones para disfrutar de la naturaleza. Tras haber conocido las entrañas del terreno toca ahora disfrutar de su superficie en el Espacio Natural de las Hoces de Vegacervera. Las aguas del río Torío en su curso alto han generado una garganta que alcanza en algunos puntos los 100 metros de altura con tramos estrechos de apenas 15 metros. 

Otro tesoro natural de la zona es el hayedo de Valporquero, uno de los mejores bosques de umbría de la Cantábrica Leonesa que en su maleza abriga especies animales como el corzo y vegetales como el espino albar y el acebo. Este bosque se ubica en la Reserva de la Biosfera de Argüellos, reconocida por la Unesco desde 2005, un territorio en el que también habita el oso pardo, toda una leyenda de la Cordillera Cantábrica. 

La catedral subterránea de León
Hoces de Vegacervera, cerca de la Cueva de Valporquero. Fuente: Turismo de León

Los amantes del senderismo también están de suerte en el entorno de la Cueva de Valporquero porque la zona cuenta con rutas para todos los gustos. Partiendo de la propia localidad de Valporquero se inicia la ruta hacia Valle y Coladilla, de unos 11 kilómetros y unas cuatro horas y en el que superaremos un desnivel de 600 metros: sola apta para senderistas experimentados. 

Por su parte, la ruta Los Sierros Negros y el Cardayal es algo más liviana discurriendo en parte por la vereda del propio río Torío, una ruta en la que también conoceremos la historia de este territorio con antiguas explotaciones carboníferas, poblados medievales, castros prerromanos… y cuevas milenarias.  

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