La playa de Somo es la joya al otro lado de la bahía de Santander, un arenal primoroso que enamora a locales y viajeros. Convertido en uno de los destinos estivales más apreciados de Cantabria, la playa de Somo es también la cuna del surf cántabro, siendo una las primeras olas en ser cabalgada allá por la década de los 60. Pero además de olas y un buen chapuzón, el entorno natural de Ribamontán al Mar ofrece numerosos atractivos. Acompáñanos en este viaje para descubrir Somo, la gran playa de Cantabria. 

Somo, la joya de la bahía 

Playa de Somo

El paseo desde los acantilados de Loredo frente a la isla de Santa Marina hasta el Puntal, el extremo de esa lengua de arena que se adentra en la bahía de Santander, es la mejor forma de comenzar a disfrutar de este tesoro de la naturaleza a unos kilómetros de la capital provincial.  

Justo en medio, conectando Loredo con el Puntal, se encuentra la playa de Somo, que completa una de las postales más embriagadoras del litoral cántabro, y símbolo por excelencia de la costa de Trasmiera, la comarca ubicada al este de la bahía de Santander. Hablamos de 4 kilómetros de arena para todos los gustos que recibe un fuerte oleaje en varios puntos al estar orientada a mar abierto.  


Aunque para llegar a Somo desde Santander en coche debemos dar un rodeo, también es posible hacerlo en barca o lancha desde el puerto deportivo de Santander, la mejor forma de contemplar desde el otro lado este espectáculo de la naturaleza.  

Playa de Somo
Iglesia de Santa Eulalia de Suesa y el esplendoroso entorno de Ribamontán al Mar. Fuente: Wikipedia

Pero antes de ponernos el neopreno y disfrutar de varios de los spots más célebres del Cantábrico, debemos hacer una mención a los preciosos pueblos del municipio de Ribamontán al Mar. Además de Somo, tenemos a Carriazo, su capital, Castanedo, Galizano, Langre, Loredo y Suesa.  

Varias rutas a pie recorren este municipio, destacando la espectacular ruta de los Acantilados entre Loredo y Galizano o la ruta El Ribero y las Praderías que, con sus 9 kilómetros entre Somo y Castanedo, es la mejor forma de conocer el interior del municipio.  

La playa de Somo, cuna del surf cántabro 

Playa de Somo
Playa de Somo con la isla de Santa Marina al fondo. Fuente: Walimai Photo / Flickr

En el año 2012 Ribamontán al Mar se convirtió en la primera reserva natural del surf de España y la segunda de toda Europa, tras Ericeira en Portugal. Y es que en las playas de Ribamontán al Mar se forjaron algunos de los pioneros del surf en la década de los 60. 

Esta declaración del municipio como reserva natural del surf supone el compromiso para preservar los valores naturales y la calidad ambiental de los rompientes litorales y su entorno costero, reconociendo la importancia histórica y turística que tiene el surf en esta comarca.  

Y es que los primeros surfistas de Cantabria comenzaron a practicar este deporte en la playa de Somo y su entorno. Mientras en Gijón dos chavales fabrican la primera y rudimentaria tabla de surf con la que tratan de domar las olas de San Lorenzo, el mítico Jesús Fiochi, primer campeón de surf de España, trae una tabla de Francia y se convierte en el primer surfista de la región. 

Playa de Somo
Playa de Somo. Fuente: Unsplash

Una década más tarde, Íñigo Letamendia, Raúl Dourdil y Carlos Beraza instalan en Casa Lola de Loredo Tablas de surf Santa Marina, el que será el primer taller español de fabricación de tablas de surf. Letamendia también se convertiría en leyenda en 1979 al fundar Pukas en Zarautz, una de las primeras firmas españolas de surf.

Por aquel entonces, Somo ya no era ningún secreto para los surfistas españoles y diversos profesionales de este deporte procedentes de otras latitudes llegaban para disfrutar de uno de los grandes mitos del surf español

Muchos años más tarde, el municipio de Ribamontán inició la creación del Paseo de las Estrellas del Surf, reconociendo una vez más la importancia que ha tenido este deporte en la comarca. Laura Revuelta, primera mujer surfista española, y Aritz Aranburu, una de las grandes leyendas del surf vasco, posaron con su estrella junto a la playa de Somo. 

Playa de Somo
Playa de Langre, a un paso de Somo. Fuente: Wikipedia

Y es que el entorno de Somo suma diferentes arenales y spots que ofrecen buenas olas para todos los niveles, desde chavales que se inician en este deporte hasta los profesionales más talentosos. Arrancamos nuestra ruta surfera descubriendo las olas de Somo al oeste en Galizano, donde se ubica un spot de gran calidad, pero poca constancia con fondo de arena y roca de unos 100 metros de longitud. 

Tras cruzar la pequeña playa de las Arenillas, llegamos a la playa de Langre, otra de las postales más típicas del municipio y para muchos la playa más bella de toda Cantabria: un espectacular arenal de un kilómetro rodeado de acantilados. 

Pasando el cabo Galizano y la punta Langre nos encontramos con la isla de Santa Marina que cuenta con un spot célebre a nivel mundial y solo apto para surfistas expertos por su fondo de rocas, fuerte viento y tamaño de sus olas que, en los mejores días, puede llegar a superar los cinco metros. 

Surfistas en Playa de Somo

Tras cruzar el río Castanedo llegamos ya a la playa de Somo propiamente dicha con sus 2.000 metros de arena fina sumando diferentes olas, como La Curva, El Camping o El Barco. Dependiendo del día ofrece excelentes ocasiones para iniciarse en el surf. La prestigiosa Escuela Cántabra de Surf se encuentra al lado del aparcamiento de la playa. 

Nos vamos acercando ya a la Bahía de Santander, pero antes debemos disfrutar de la playa del Puntal, el extremo de esa lengua de mar que se adentra en la bahía y que ofrece un entorno paradisiaco con las dunas y el estuario del Miera al sur.

Y justo al final del arenal, frente a la playa de los Peligros, se ubica Punta Rabiosa, el punto más cercano a Santander y nuestra última parada en este recorrido por la playa de Somo y su entorno, donde naturaleza y deporte viven desde hace décadas un apasionado idilio.

1 Comentario

  1. Parking de Pago del 15 de junio a 15 de septiembre, tanto en Somo como en Loredo sin ninguna otra alternativa. Ordas de gente de los pueblos colindantes que bajan a la playa, hospedaje anticuado y deficiente, la comida deja mucho que desear.

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