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Senderos que recorren algunos de los iconos naturales de Asturias, hasta 30 playas para todos los gustos y un casco histórico plagado de pintorescos rincones. ¿Qué más se puede pedir? Y es que Llanes tiene de todo y un poco más. No es de extrañar que sea uno de los principales destinos turísticos del norte de España. Acompáñanos en este viaje a Llanes, la noble y leal villa de Asturias, la perla más guapa de la Costa Verde. 

Qué ver en Llanes y alrededores

Una vuelta por el casco histórico de Llanes 

Llanes
Playa de El Sablón y casco histórico de Llanes. Fuente: Wikipedia

Paciencia. Antes del sedante baño en las aguas siempre frescas del Cantábrico y de dar buena cuenta de un cachopo y unos culines de sidra en una terraza de aroma marinero, un poco de turismo cultural. Porque Llanes también sorprende al visitante con su rico patrimonio, comenzando con su conjunto medieval en el que destacan los restos de la muralla iniciada tras la entrega de la carta puebla por parte de Alfonso IX.

Damos un salto de varios siglos porque justo al lado del Torreón medieval encontramos uno de los edificios icónicos de Llanes, su casino. De inspiración modernista, fue ejecutado en los primeros años del siglo XX como lugar de recreo para los indianos llaniscos. Y es justamente la arquitectura indiana una de las grandes joyas arquitectónicas del litoral asturiano. 

Iglesia de Santa María

Aquellos triunfadores que regresaban del otro lado del Atlántico con la cartera repleta de divisas querían plasmar su éxito en Cuba y México con una nueva arquitectura palaciega de ecos tropicales, combinando el modernismo con el eclecticismo o el estilo montañés.  

Además del propio Casino, a la entrada de Llanes por la avenida Concepción se pueden disfrutar de algunas de estas viviendas como la Casa de los Leones, Villa Concepción o el palacio de Partarríu, donde se rodó El orfanato. Y es que Llanes también ha seducido al séptimo arte. Un itinerario recorre todo el concejo señalando los escenarios de diversas películas rodadas en el paraíso llanisco. 

Tras visitar la basílica de Santa María de la Asunción, el templo más importante de Llanes, iniciado a mediados del XIII, seguimos ruta por el casco histórico de la localidad asturiana visitando algunos de los testimonios más importantes de su arquitectura residencial.  

Llanes
Los Cubos de la Memoria, icono llanisco. Fuente: Unsplash

Las ruinas del palacio de los Duques de Estrada se ubican al lado de la basílica: cuentan que fueron los propios llaniscos los que lo quemaron en 1809 por el apoyo de la familia Estrada a los franceses durante la Guerra de Independencia. La casa de Juan Pariente en la Plaza Mayor, el palacio de Posada Herrera, actual Casa de Cultura, o el palacio de Gastañaga en la calle Mayor son otros edificios que no pasan desapercibidos entre deliciosas casonas populares.  

Pero el verdadero símbolo de Llanes, usado por el propio Ayuntamiento como icono llanisco, son los Cubos de la Memoria, ubicados en el extremo del puerto, en el margen izquierdo de la desembocadura del río Carrocedo. El artista vasco Agustín Ibarrola pintó los bloques de hormigón de la escollera coloreando el gris Cantábrico. 

Senderos y playas en Llanes 

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Acantilados en Llanes. Fuente: Wikipedia

Desde los Cubos de la Memoria de Ibarrola podemos iniciar una de las rutas urbanas más populares de Llanes: el Paseo de San Pedro. Continuamos por la calle de la Moría, pasamos la playa de El Sablón, el arenal urbano por excelencia de la localidad asturiana, y ascendemos por el camino que conduce al cerro. Este paseo nos ofrece las mejores vistas tanto del casco urbano como del litoral llanisco.  

Pero si queremos llegar un poco más lejos y conocer uno de los símbolos naturales del concejo debemos recorrer la ruta de los Bufones de Pría. Los bufones, que deben su nombre al fuerte estruendo que generan en los días de marejada, son un fenómeno natural originado por la erosión y la lluvia en la roca dando lugar a grietas y chimeneas que conectan con el mar.  

Esta ruta se inicia en la aldea de Llames, a 20 kilómetros al oeste de la capital del concejo, en el entorno de la playa de Guadamía, ya en la frontera con Ribadesella. Son 11 kilómetros a lo largo de algo menos de cinco horas en los que no solo disfrutaremos de este espectáculo natural, sino que conoceremos algunas de las aldeas más entrañables de la zona como Garaña, Villanueva o la propia Llames. 

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Playa de Toró, a un paso de Llanes. Fuente: Unsplash

Nos alejamos un momento de la costa para adentrarnos en las profundidades del bosque astur en el conocido como Camín Encantáu, una ruta en la que conoceremos algunos de esos seres legendarios tan populares en la mitología asturiana como el nuberu, el rey de las lluvias, el cuélebre, custodio de tesoros y princesas, o los propios trasgus que nos dan la bienvenida en el inicio de la ruta en La Venta, al sur de Posada de Llanes. 

Y llegó el momento: es hora de conocer las playas de Llanes. Y es que este concejo asturiano suma hasta 30 arenales, un tesoro medioambiental que ha convertido este municipio en uno de los destinos turísticos más populares de la costa cantábrica.  

Arrancamos nuestra ruta playera por el este en Vidiago, un arenal cercano al ídolo de Peña Tú, un crespón de arenisca que es otro de los símbolos llaniscos. Más adelante nos encontramos con las gemelas más populares del concejo: Ballota y Andrín, dos playas fascinantes que enamoran por su sensacional entorno natural. Imperdibles. 

Llanes
Playa de Andrín, el este de Llanes. Fuente: Unsplash

Tras pasar la playa de Toró, que cuenta con la certificación Q, y que se caracteriza por una serie de pináculos rocosos que pueblan parte del arenal, cruzamos la capital del concejo dándonos un nuevo baño en El Sablón, la playa urbana de Llanes. Pero no guardéis todavía el bañador, porque nos quedan aún varias joyas de arena y mar. Como la playa de Poo que ha aparecido en alguna de las listas de las mejores playas de Europa. 

Tras pasar las playas de Celorio llegamos a Torimbia, una de las más icónicas del concejo por su forma de concha. Y un poco más al oeste San Antolín, una de nuestras preferidas. Y para terminar un trío paradisiaco. Por un lado, Gulpiyuri, la playa de interior que, como el Guadiana, aparece y desaparece. Después, Cuevas de Mar, quizás la más famosa del concejo por las cuevas que han generado la erosión del mar.

Y, por último, Guadamía, un arenal excavado en la roca que limita con Ribadesella y desde donde podemos disfrutar de los mencionados Bufones de Pría. Y ahora sí… unos culines de sidra para brindar por la perla más guapa de la Costa Verde. 

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