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Érase una vez un pueblo redondo de calles concéntricas y pavimento adquinado, de adorables plazas y casitas entramadas a las que apetece dar un bocado, un pueblo en el que el tiempo se pierde en un laberinto de juguete.

Ni siquiera los cientos de viajeros que llegan al tesoro de la Alsacia atraídos por una promesa de insólita fotogenia rompen el hechizo de esta localidad única en su especie. Así es Eguisheim, el pueblo más bonito de Francia, un pueblo de cuento con final feliz. 

Eguisheim, el corazón de Alsacia 

Eguisheim
Eguisheim

El 1 de enero de 2021, Alsacia se convertía en una colectividad europea tras la fusión de los departamentos franceses de Bajo Rin y Alto Rin. Se trata de una entidad administrativa única en Europa que cuenta con competencias exclusivas como la cooperación transfronteriza con Alemania y Suiza. Y es que la región histórica de Alsacia es uno de los símbolos de la concordia europea alcanzada tras un siglo plagado de terribles conflictos bélicos.  

A una hora al sur de Estrasburgo, capital cultural de Alsacia y sede del Consejo de Europa, y a un paso de Colmar, otros de esos pueblos salidos de ua cuento de Navidad, se ubica Eguisheim, un pueblo que representa las raíces de esta región histórica: la primera fortaleza que rodeaba la primitiva población y su castillo levantado en el 720 surge como iniciativa de varios familiares pertenecientes al Ducado de Alsacia, entidad política de herencia merovingia nacida en el siglo VII.  



Eguisheim
Eguisheim. Fuente: Unsplash

¿Y por qué la insólita planta circular que ha convertido Eguisheim en lugar de peregrinación? Durante el Imperio romano, el Rin se convirtió en el limes con los bárbaros del otro lado del río: los romanos construyeron diversas fortalezas y castra en esta frontera para proteger el territorio.  

Según los hallazgos arqueológicos, un castrum romano estuvo activo desde el siglo IV en Eguisheim, donde los romanos comenzaron a cultivar la vid en la orilla occidental del río. La planta circular de algunos de este poblados heredada de la tradicion celta local se retomó en la Eguisheim bajomedieval, pero edificando una doble fortaleza que convirtió al pueblo en un bastión inexpugnable que protegía a las viviendas y posesiones de los ricos comerciantes que vivían en él. 

Recorriendo Eguisheim, un pueblo de fábula 

Eguisheim

Vista desde arriba, la localidad alsaciana parece uno de esos laberintos de juguete: solo falta el agujero. Y a pie de calle, Eguisheim mantiene esa aura de fábula medieval. El primer capítulo de este cuento de hadas comienza al este del pueblo, en la Grand Rue, la calle que cruza el viejo Eguisheim.  

Originalmente, la doble fortaleza tenía, a su vez, cuatro entradas fortificadas, conservándose los restos de dos: una manera de controlar las visitas al pueblo, generalmente de comerciantes vinculados al lucrativo cultivo de la vid. La puerta occidental se dirigía a los cerros para acceder a los viñedos donde actualmente se siguen cultivando las vides que producen el prestigioso AOC Alsace.  

Por su parte, la puerta este —donde se encuentra la oficina de turismo— estaba orientada hacia la calzada romana que siguieron recorriendo los comerciantes durante los siglos posteriores. Una vez dentro del laberinto entrando por esta puerta oriental tomamos la rue du Rempart Sud, la vía periférica entre murallas que circunda todo el pueblo.  

Eguisheim
La plaza del Castillo de Eguisheim. Fuente: Wikipedia

Tras dar una primera vuelta recorriendo también el tramo norte de Rempart, nos detenemos para degustar la arquitectura residencial de Eguisheim, el otro icono del pueblo alsaciano. Si bien las trazas originales de buena parte de las casas se han mantenido —una planta baja en piedra que sostiene la estructura de madera— los colores que hoy vibran en las fachadas de estas casitas no son los originales.  

Hasta el siglo XVI, el entramado era mucho más sobrio imponiéndose el adobe y el blanco encalado. Si bien en el siglo XIX y parte del XX el cimiento cubrió toda la construcción, desde hace unas décadas las casas han vuelto a estar con el entramado característico al descubierto: los huecos se decoran ahora con una amplia paleta de colores que dan a Eguisheim ese aire de cuento clásico. 

Otro elemento que llama la atención en las viviendas de la localidad francesa son las pequeñas representaciones grabadas en la piedra y en la madera de las fachadas: es la vieja costumbre de que el dueño de la casa colocase sus iniciales y la fecha de construcción, en ocasiones junto a los blasones y los escudos que mostraban su profesión. 

Además de la vibrante arquitectura popular de Eguisheim, nuestra ruta por sus calles concéntricas nos lleva la plaza del Castillo, uno de los lugares más fotografiados del pueblo. Todavía se conservan restos del castillo construido a principios del siglo XI. Aquí nació Bruno de Eguisheim, futuro papa León IX.  

Eguisheim
Interior de la capilla de León IX. Fuente: Wikipedia

Para conocer más de cerca su historia, además de observar la estatua que corona la fuente de la plaza, debemos visitar la capilla construida en su honor en el lugar de la antigua torre de homenaje del castillo. Fue erigida en estilo neorrománico a finales del XIX destacando el techo abovedado con escenas de la vida de Saint-Léon, además de vidrieras que representan a los santos de Alsacia y a los condes de Eguisheim: un imperdible espectáculo cromático. 

A un paso de la capilla de León IX encontramos la iglesia de San Pedro y San Pablo cuyo origen está en el siglo XI, aunque muy restaurada en el siglo XIX tras derrumbarse parte de la estructura. A mediados del siglo XX se incluyeron nuevas vidrieras con motivo del 900 aniversario del nacimiento de León IX. 

Y llegamos finalmente al punto más fotografiado del pueblo, Le Pigeonnier, el palomar de Eguisheim. Muy cerca de la entrada oriental del pueblo se ubica esta pequeña casa en su día habitada por palomas. Disney se inspiró en rincones como este para dar forma al universo onírico de La Bella y la Bestia, tanto de la película animada como del remake protagonizada por Emma Watson en 2017.

Decorado con flores y con el musgo conquistando parte del tejado, como sucede en buena parte de las viviendas del pueblo, este rincón es el final perfecto para un viaje de cuento descubriendo Eguisheim, uno de los pueblos más singulares de Francia. 

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