«Sobre el olivar / se vio a la lechuza / volar y volar. / A Santa María / un ramito verde / volando traía. / ¡Campo de Baeza, / soñaré contigo / cuando no te vea!» Como Antonio Machado, el viajero que llega a esta localidad jienense queda aferrado a la atmósfera solemne que generan sus muros de piedra dorada, a la nostalgia que sugieren sus tapices de olivares verdes y al silencio de unas calles que vivieron tiempos más prósperos. Recuperamos Baeza con una ruta que recorre algunos de sus rincones más evocadores.

Declarada, junto a la vecina Úbeda, ciudad Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2003, ofrece un extraordinario patrimonio monumental, especialmente asociado al Renacimiento, etapa en la que Baeza se convirtió en sede universitaria lo que contribuyó a disparar el prestigio de la localidad en el resto de España.

Baeza
Detalle de un león de la fuente de época íbera de Baeza. Fuente: Pixabay

Baeza, de los íberos al esplendor renacentista

Situada a unos 50 kilómetros al noreste de Jaén, Baeza marca el centro geográfico de su provincia. En el margen derecho del Guadalquivir, la localidad creció en la comarca de La Loma asentándose sobre tres cerros y un pequeño valle que serpentea entre ellos.


Baeza puede presumir de muchas cosas, también de origen antiguo: en su entorno se han encontrado diversos restos arqueológicos entre los que destaca una necrópolis ibérica. Ya en época en romana, en la zona se asentó una población conocida como Vivatia que estaría en el origen de la actual Baeza y que creció bajo el amparo de la vecina Cástulo, cerca de la actual Linares, que fue la capital de la Oretania. Con el fin del Imperio romano, Biatia o Beatia, toma el testigo de la mencionada Cástulo como ciudad de referencia del entorno trasladándose aquí la ceca y el obispado.

También en la Hispana visigoda fue ciudad importante conservando restos de este periodo que aún sigue despertando interés entre los arqueólogos, como es el caso de la silenciosa iglesia de la Santa Cruz, el templo más antiguo de Baeza. Con la llegada de los musulmanes, Bayyasa siguió siendo capital de un extenso territorio albergando una intensa actividad comercial. No sería hasta 1246 cuando Baeza es definitivamente conquistada por los cristianos después de numerosos intentos que no lograron perdurar en el tiempo.

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Campanario de la Catedral de Baeza. Fuente: Pixabay

Teniendo un importante papel militar en la conquista definitiva de Al-Andalus que terminaría a finales del XV en Granada, Baeza vive durante las décadas siguientes su gran etapa de esplendor gracias a una economía floreciente merced a su producción agrícola e industrial lo que potencia el establecimiento de una nobleza local que será la principal responsable de la monumentalización de la localidad.

Descubriendo el patrimonio de Baeza

Es en la plaza de Santa María donde el viajero puede percibir el rumor de ese brillante pasado renacentista. Nuestra primera visita debe ser la Catedral de la Natividad de Nuestra Señora, construida sobre la antigua mezquita, siendo la primera consagrada en Andalucía tras la reconquista cristiana. El edificio contiene elementos de diferentes épocas que van del gótico al mudéjar y al propio plateresco, además del barroco. La subida al campanario es una ocasión ideal para apreciar el campo de olivares del entorno, una de las señas de identidad de Baeza y que tanto sedujo a Machado.

Junto a la catedral se construyó la Casa de los Cabrera que luego pasó a ser la sede de las Casas Consistoriales de la localidad. Se trata de uno de los diferentes palacios que fueron erigiéndose en esta etapa de esplendor baezano.

En el entorno de la plaza de Santa María tampoco debemos perdernos el Seminario de San Felipe Neri, fundado en 1660 y que es sede de la Universidad Internacional de Andalucía desde 1990. El elemento más curioso de este edificio son los vítores pintados en rojo en la fachada, también muy habituales en Salamanca. Son textos escritos sobre la piedra —en los que se usaba como tinta sangre de toro, entre otras sustancias— que servían para reconocer a quienes habían obtenido el doctorado y en los que también figuraban mensajes críticos y pullas entre estudiantes.

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Plaza de Santa María con la Fuente y el Oratorio de San Felipe Neri con los vítores pintados sobre la fachada. Fuente: Wikipedia

El otro elemento distintivo de la plaza es la fuente de Santa María, una de las más icónicas de toda Andalucía, construida en 1564 siendo la primera fuente en aportar agua potable a la localidad. Su cuerpo inferior está estructurado como un arco de triunfo romano exaltando los orígenes míticos de la ciudad. Destacan también las ocho cariátides alegóricas.

Muy cerca de la plaza de Santa María, encontramos la plaza del Pópulo, también conocida como plaza de los Leones por su fuente, de época íbera, nada menos, que fue originariamente un monumento funerario de la vecina Cástulo. En la época de esplendor baezano fue trasladada a su actual ubicación. El imponente arco de Villalar y la puerta de Jaén cierran la plaza de los Leones.

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Arco de Villalar y Puerta de Jaén. Fuente: Pixabay

Al este de la Plaza de los Leones continuamos nuestra ruta monumental por Baeza con tres piezas maestras de su patrimonio: el Palacio de Jabalquinto, la iglesia de la Santa Cruz y el Aula de Antonio Machado.

El Palacio de Jabalquinto fue mandado construir por un primo de Fernando el Católico, lo que demuestra nuevamente la importancia que fue adquiriendo Baeza desde finales del siglo XV. Enrique Egas, maestro mayor de Jaén, fue el encargado de ejecutar la obra convirtiéndose en todo un ejemplo del estilo Reyes Católicos que se erige en una bisagra estilística entre el gótico flamígero y el proto renacimiento. La fachada, profusamente decorada, es el elemento más característico de este estilo mientras que el magnífico patio, construido más tarde, es plenamente renacentista. Hoy es sede de la Universidad Internacional de Andalucía como el vecino San Felipe Neri.

Por su parte, la iglesia de la Santa Cruz es toda un rara avis en la localidad, incluso en la Andalucía Oriental ya que está construida siguiendo un estilo tardorrománico que le otorga un aspecto pesado pero solemne que contrasta radicalmente con el decorativismo de la portada del palacio vecino. Se estructura en una planta rectangular de tres naves con rosetón sobre la puerta principal procedente de las ruinas de la parroquia de San Juan.

La portada sur es la única original y se ubica en un lateral al igual que lo hacían en las iglesias visigodas tal vez porque esta iglesia pudo construirse sobre los restos de un templo de este periodo lo que podría demostrar el hecho de que se ha encontrado un arco visigodo en su interior en una restauración de los años 90. Con todo, se trata de uno de los edificios más impactantes y evocadores de Baeza.

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Patio del instituto en el que ejerció Antonio Machado. Fuente: Pixabay

Y nos despedidos de Baeza homenajeando al maestro. Antonio Machado residió en la localidad jienense entre 1912 y 1919 ejerciendo como profesor en el Instituto General y Técnico, hoy IES Santísima Trinidad. El poeta acudió a Baeza tras la muerte de su mujer Leonor Izquierdo en Soria, cuando solo tenía 18 años. El Aula Antonio Machado, ubicado en el propio instituto, explica la trayectoria del escritor en la localidad incluyendo numerosos documentos, como fotos, recortes de periódico, poemas y objetos personales.


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