Me desvié hacia San Marcos, con la esperanza de que el Florian aún estuviese abierto. Habían cerrado; estaban retirando las sillas de la arcada y colocando tableros de madera sobre las ventanas. La piazza estaba absolutamente desierta, sin un alma. La niebla empezó a tragársela. Era una invasión tranquila, pero, a pesar de todo, una invasión.

Marca de agua. Apuntes venecianos. Joseph Brodsky (1992)

Pasear por el misterio nocturno de Venecia, abriéndose paso entre la niebla, perderse un poco sospechando sombras y murmullos, cruzar el mismo puente una y otra vez. Y ni un alma. ¿Cómo es posible que en unas horas esta epatante soledad vuelva a reventar de turistas? ¿Y yo? ¿No soy yo otro turista más? ¿Debería estar aquí, hundiendo una de las ciudades más hechizantes del mundo?


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Durante siglos, Venecia ha enamorado al viajero hasta el punto de convertirla en una fuente inagotable de inspiración y reminiscencia. Venecia no se olvida. Pero, ¿y si un día la ciudad italiana tuviese que echar el cierre, hundida, exprimida y vaciada? ¿Queremos que Venecia se convierta en una nueva Atlántida?

Venecia: una ciudad que se hunde

La peor inundación desde 1966. Y aquella fue la peor de todas las registradas: 1,94 metros, tan solo 7 centímetros más que este mes de noviembre. Los venecianos están más que acostumbrados a bregar con el acqua alta. La ciudad está a merced de los embistes de la meteorología. En todas las despensas de las casas hay varias botas de agua. En los hoteles, también. La vida sigue. Venecia se mantiene en pie. Pero, ¿hasta cuándo?

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Venecia es un milagro constructivo, una obra maestra de la arquitectura. Pero la verdadera maravilla de la ciudad no está en las fachadas de sus lánguidos palacios, está bajo el agua de la laguna: es el bosque de pilares de madera en los que se asienta la ciudad más singular del mundo.

“Iglesias, palacios y puentes se asientan sobre palos de madera insertos en el barro, bajo el nivel del agua, colocados a mano a lo largo de la historia”, tal y como señala Franco Mancuso, profesor de arquitectura de la Universidad Iuav de Venecia. Al no haber oxígeno en las capas profundas de la laguna, los pilares de madera no se descomponen. Este es el milagro de una ciudad que se alza orgullosa sobre cimientos de madera.

Pero, ¿por qué complicarse tanto la vida? ¿Por qué vivir en una laguna cuando hay tanta tierra en el continente? Los primeros asentamientos en la ciudad de Venecia datan del siglo V d.C., con el Imperio Romano agonizando y un clima bélico exacerbado en casi toda Europa. Buena parte de la población del Véneto, alarmada ante el cerco territorial continental de diversos pueblos foráneos, toma una decisión radical: huir hacia el mar. Comienza así un proceso que durará siglos, una gigantesca obra de ingeniería con un ambicioso objetivo final: construir una ciudad sobre el agua.

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Recurriendo a técnicas de antiguas productores de sal, los venecianos eligen porciones de tierra seca sobre el agua que formaban pequeños islotes muy próximos entre sí, creando en su perímetro común cuadrantes con estacas de madera. Esta técnica de recuperación de tierra secaba áreas demarcadas en el pantano a partir de la excavación de canales que permitían el flujo del agua, estableciendo así unas condiciones iniciales para la expansión de los primeros asentamientos.

Esta gran obra de ingeniería constructiva sería la base de uno de los imperios comerciales más importantes de la historia europea. Con el devenir de los siglos, Venecia se convierte en una poderosa república, un foco cultural de primer orden y un destino soñado en buena parte del planeta gracias a uno de sus más insignes oriundos: Marco Polo.

Millones de viajeros arribaban en Venecia con diversos objetivos, generalmente comerciales, pero, con el paso del tiempo, el mito de Venecia llega a todo el mundo. Y todo el mundo lo quiere conocer. ¿Cómo apartar los ojos de tanta belleza? Pero lo que durante siglos suponía un costoso viaje que no estaba al alcance de cualquiera, se ha transformado en casi una obligación para turistas de todo el planeta. Y así, llegan los problemas.

A pesar del prodigio constructivo de las profundidades de la laguna, Venecia sigue hundiéndose. ¿Por qué? Se trata de un proceso natural que ha sido acelerado de forma dramática en las últimas décadas. Venecia lleva hundiéndose desde el mismo momento en que se puso el primer pilar de madera. Pero siempre fue un hundimiento asumible que exigía adaptaciones graduales por parte los venecianos. Sin embargo, el cambio climático y el turismo masivo se han encargado de convertirlo en inasumible.

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Por un lado, es evidente que la subida del nivel del mar amenaza Venecia. Solo hace falta echar un vistazo a los efectos del último acqua alta. ¿Y qué se ha hecho para evitar que este fenómeno incida dramáticamente en la ciudad? Un turbio proyecto conocido como Modulo Sperimentale Elettromeccanico (Módulo Electromecánico Experimental – MOSE) que ha sufrido un sobrecoste demencial y vergonzantes casos de corrupción.

El MOSE es un megaproyecto que consta de 78 barreras móviles de color amarillo enterradas en el agua. En caso de necesidad, las autoridades de la ciudad las activarían elevándose por encima de la superficie: se evitaría así que las fuertes mareas inundasen la ciudad tal y como ha sucedido este mes de noviembre.

Pero MOSE no está, ni se le espera. Se empezó a hablar de este proyecto tras la inundación de 1966, en los años siguientes comenzaron a elaborarse algunos estudios iniciales y el proyecto avanzó con considerable lentitud. Los inescrutables caminos de la política italiana hicieron el resto. Más de medio siglo después, MOSE sigue sin funcionar y muchos venecianos temen que el plan emerja muerto sin apenas nacer. Algunos ingenieros, así mismo, consideran que el proyecto se ha quedado viejo y que otras opciones podrían ser más viables… a largo plazo.

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Fuente: Mose Venecia

“Hoy no tenemos otra alternativa para frenar un mar alto”. El alcalde de Venecia, Luigi Brugnaro, se muestra pragmático ante la situación. “La magistratura y la historia decidirán sobre todos los delitos que pueda haber habido y sobre si habrá valido la pena invertir tanto dinero. Yo empujo fuerte para que la terminen cuanto antes”, señala Brugnaro en declaraciones recogidas por El País. Y es que de haber estado en funcionamiento es más que probable que MOSE hubiese logrado detener el acqua alta de este mes de noviembre. Tal vez para la próxima inundación…


Venecia: una ciudad en una vitrina

Millones de turistas arriban en la ciudad italiana como quien entra en un museo… o peor: como quien entra en un parque de atracciones. Llegan, pagan la entrada, unos selfies y a casa. El paso de cruceros por la laguna veneciana provoca grandes desplazamientos de masas de agua que repercuten en los canales menores, levantando sedimento marino y afectando a los cimientos de los edificios.

Así mismo, la proliferación de taxis en los canales provoca olas que baten contra las construcciones con unos efectos muy negativos para su estructura. «Nos arriesgamos a tener una ciudad subterránea que está en pie mientras una ciudad emergente que se cae», tal y como señaló el profesor Mancuso a la agencia EFE.

Venecia abre sus puertas cada año a 25 millones de turistas, muchos de los cuales son de los llamados mordi e fuggi —tocar y a correr—, viajeros que llegan en cruceros y/o excursiones de un día. Según datos que ofrece Venessia.com, durante diez días al año la ciudad supera las 80.000 visitas, más de lo que está capacitada para soportar según diferentes estudios. Llegados a este punto, cada vez son más las voces que defienden una idea radical para controlar esta invasión turística: cerrar la ciudad a los visitantes, al menos en cortos periodos de tiempo.

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Desde luego, la industria turística no ve con buenos ojos estas medidas. Pero si las islas Feroe han cerrado temporalmente al turismo por mantenimiento, ¿por qué no puede hacerlo Venecia? Obviamente, la ciudad italiana mueve muchísimos más turistas (y dinero) que este archipiélago del Atlántico norte, pero tal vez ha llegado el momento de que el término «sostenible» aplicado al turismo empiece a llenar su evanescencia marketiniana de significado real, palpable. Y Venecia pueda convertirse en un crucial ejemplo a seguir para el turismo del siglo XXI.

¿Está realmente dispuesta la industria turística a trascender el cortoplacismo capitalista en Venecia? ¿O prefiere en cambio meter la ciudad en una vitrina y convertirla en museo… hasta que se hunda en el Adriático?

Venecia: una ciudad sin ciudadanos

Mientras las autoridades venecianas se las ingenian para promover medidas más o menos bizarras para contener al turismo —se habló incluso de poner tornos—, Brugnaro y compañía deben lidiar con otra realidad siniestra: Venecia se queda sin habitantes. Paralelo al crecimiento del turismo se detecta una pérdida de habitantes censados. Y una ciudad sin ciudadanos no es ciudad. Esta es la consecuencia que más temen los venecianos.

Según el Instituto Nacional de Estadística de Italia (ISTAT), Venecia llegó a superar los 350.000 habitantes en los años 70. Desde esa década la ciudad ha revertido la tendencia dramáticamente. Para 2011 perdió 100.000 personas. Las causas no son tan diferentes a las que padecen otros puntos de Europa tal y como afirma el alcalde de la ciudad: “La ciudad no se está despoblando porque la gente se va, sino porque muere. Y eso pasa en muchos sitios”.

Con un carácter único en toda Italia, entre hosco y socarrón, el veneciano se ha acostumbrado a convivir con los turistas como quien espanta moscas en el campo. Muchos de ellos viven del sector turístico, porque no hay más opciones: «en Venecia, o eres político o camarero», suelen decir. Y con el sueldo de un camarero no da para vivir en Venecia.

En este sentido, el impacto de la subida de los precios de las viviendas ha sacado a los más jóvenes a Mestre y otras zonas del continente. Los pisos turísticos, la construcción de hoteles y la escasez de tejido económico más allá del turismo provoca que los jóvenes venecianos busquen casa y trabajo fuera de la laguna.

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Diversas organizaciones están proponiendo planes como la creación de una cooperativa para restaurar casas populares y alquilarlas por un plazo máximo de 15 o 20 años. Pero muchos de estos proyectos acaban en el fondo de un cajón en el ayuntamiento. Y es que la fuerte presión del lobby turístico sobre las autoridades de la ciudad es muy fuerte. ¿Qué da más dinero: un hotel o una vivienda para familias de bajos ingresos? No hay más preguntas, señoría.

Venecia es, ante todo, de sus ciudadanos. Pero también es patrimonio de la humanidad. Esto es: todos podemos hacer algo para que una de las más fascinantes ciudades de la historia permanezca sana y a flote; que las generaciones venideras puedan disfrutarla, que sigan perdiendo la orientación por sus calles desiertas en una noche neblinosa sospechando murmullos y sombras bajo el hechizo veneciano.

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