Deterioro medioambiental, malas condiciones para los trabajadores del sector, estacionalidad, masificación, pérdida de identidad de las comunidades locales, desigualdad, conflictividad social, saqueo de los recursos, instagramización, turismofobia, gentrificación... Y no acabaríamos nunca: los efectos perniciosos de la peor cara del turismo son incontables. Entonces, cabe preguntarse: ¿otro turismo es posible?...